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Sobre el significado de “compañero”

“Una luz ha aparecido en mi horizonte: compañeros de viaje necesito”

F. Nietzche, “Así habló Zaratustra”

Mientras mis pasos se perdían entre pensamientos sueltos y caminantes presurosos, pensaba sobre el significado de la palabra “compañero”: compañero de trabajo, compañero de cursada, compañero de baile, compañero de viaje, compañero de ruta, compañero de la vida…

Caminantes
Foto por Meli Watanabe

La palabra “compañero” me evoca caminos encontrados… o pensándolo mejor, a pasos que se encuentran en un mismo camino, huellas que se verán una al lado de la otra… y nunca una delante de otra.

…es recorrer este mismo camino -no es que haya un único camino: los compañeros serán quienes compartan el camino elegido-, es andar y desandar el trayecto cuando sea necesario, es desvivirse a cada paso y en cada latido… porque tal vez, aunque las metas sean diferentes, lo vivido quedará guardado en el corazón… Como dijera Cesare Pavese: “No se recuerdan los días, se recuerdan los momentos”.

La historia de mi vida podría leerse a la luz de la creencia de que “no hay camino, se hace camino al andar“… por ello, podremos vacilar y cambiar de rumbo mientras transitemos este mundo. Y porque la vida misma se nos va en cada paso, hay que arriesgar, sobre todo arriesgarse a perder, la única manera de encontrarse y ganar(se)… he allí su valor imponderable…

Un compañero… es compartir la suma de instantes de este gran viaje de la vida que en ocasiones tendrá sus obstáculos, sus vertientes, sus cargas -más o menos pesadas-, sus deslizadas y caídas… y también sus juegos, sus complicidades, sus sonrisas, sus fugacidades de luz que harán más ligero el camino…

Compañeros de viaje, caminantes de esta vida, celebro nuestro azaroso encuentro y valoro inmensamente contar con sus pasos a mi lado… gracias a la mano de la vida por encontrar tras cada rostro una historia única… un hermoso tesoro…

Hanami: los cerezos en flor y la fugacidad de la vida

Publicado en: Urbanikkei. La revista de la cultura japonesa en la Argentina, Año 12, 2011, Número 127. R. N. P. I. en trámite, Buenos Aires.

El cine se caracteriza por ofrecer una mirada diferente, poética, donde films en ocasiones nos estremecen el alma. En esta nota se busca rescatar la belleza en lo efímero de la vida, fugacidad también presente en las diferencias entre padres e hijos, los encuentros y desencuentros familiares.

Se ofrece aquí una nueva mirada sobre las películas: Tōkyō Monogatari(東京物語)” (1953) de Yasujiro Ozu y “Kirschblüten – Hanami (traducida como Cerezos en flor)” (2008) de Doris Dörrie. Ellas nos ofrecen a la vez, la admiración por lo transitorio y la aceptación de nuevos comienzos.

 

“Nunca es tarde para cumplir un sueño

y empezar a vivir”

Hanami es una festividad que se celebra en Japón, al terminar el invierno y comenzar la primavera. Se celebra y contempla la flor del Sakura, símbolo del país. El rasgo más sobresaliente de la flor del cerezo es que tiene una vida muy fugaz, de tan solo unos pocos días. Sin embargo, su floración, consistente en miles de pequeñas flores de color rosáceo y blanco, invaden y embellecen todo alrededor. Esas pequeñas flores portan una doble delicadeza: su corta duración y su finura.

De ahí que Hanami se asocia a dos significados: por un lado, el final de los tiempos difíciles del invierno y el florecer de una nueva vida con la primavera; y por otro, la fugacidad de la vida, el contemplar su belleza mientras dura… puesto que pronto desaparecerá de nuestra mirada, como el cerezo en flor.

En este contexto es que cobra especial significado la película “Cerezos en flor”, una versión libre de “Tōkyō Monogatari”. Nos sumerge en la soledad de los padres cuando ya no quedan hijos en el hogar. En ambas películas los padres viajan y visitan a sus hijos en sus casas. Allí veremos las diferentes percepciones del tiempo que tienen los padres y los hijos… las diferencias generacionales saldrán a luz tanto en sus hijos como en sus nietos: las nuevas generaciones “no tienen tiempo” para atender a sus padres. La historia de los padres, visitando a sus hijos, nos muestra cómo los padres y los hijos se redescubren, reconociendo que ya no se conocen, ya ninguno es lo que era.

En “Cerezos en flor”, la rutina es lo que llena el vacío hogareño del esposo, Rudi. Su mujer, Trudi, es una apasionada de la danza Butoh. En esta danza se redescubre, con esta danza ella puede ser libre, danzar con su sombra: su otra desconocida para sí misma. Como lo dirá Yu –un personaje entrañable, una niña huérfana que a través de la danza Butoh, dialoga  con su madre muerta-: el Butoh le permitirá danzar con las sombras, los muertos y los vivos, le permitirá sentir el viento y sentir su sonido, como si fuera el susurro de las sombras… Es una danza que en el film ‘casualmente’ trascurre en un parque colmado de florecillas de Sakura, la flor que nos recuerda la fugacidad de la vida.

Trudi, por amor a su esposo -quien se avergüenza por la danza de su mujer-, renuncia a su pasión: el Butoh, y sin saberlo, renuncia a su vida, aceptando vivir en el encierro hogareño…El poema que ella escribe a “la mosca”, a su “efímera existencia de un día”, da a entender que ella vive la vida consciente que es apenas un instante…

Abismo intergeneracional

El abismo entre las generaciones es un tema latente en ambas películas. En  “Cerezos en flor” al llegar los abuelos a la casa de una de sus hijas, vemos a los niños ensimismados, con un videojuego portátil cada uno. En el primer encuentro después de largos años de no verse abuelos, padres e hijos, notamos que los personajes no tienen tema de conversación. Hay un vacío entre sus vidas. Cada uno en su interior sabe que ni sus hijos son sus hijos, ni sus padres son lo que eran. El tiempo ha acontecido en cada uno, cambiándolos, haciéndose desconocidos unos a otros. Son los nuevos tiempos “modernos” los que alejan a los hijos de sus padres. Es la actitud de andar por la vida corriendola, como si fuera una alocada carrera, la que aleja a los hijos de sus padres. Hay una crisis de valores en los hijos, que los distancia abismalmente de sus padres. Y el cerezo en flor nos hace pensar ¿correr tanto para qué?. De allí que hay que aprender de la actitud de los padres, que se detienen a contemplar en cada hijo y en cada ser que lo rodea, a una flor que se desvanecerá.

En “Tōkyō Monogatari”, cuando la abuela pide dar un paseo con el más pequeño, tras andar un rato, le pregunta: “¿qué quieres ser cuando seas grande?” Y sin que el niño responda, ella agrega pensativa: “¿dónde estaré yo cuando tú seas grande…?”.

Hanami: La fugacidad de la vida… y la muerte.

Un aspecto que en ambos films aparece también, es el comentario de los hijos ante la muerte de uno de sus padres: “Qué rápido pasa la vida…”. Si recordamos que en ambas películas, todos los hijos sin excepción se quejaron de la abrupta visita de sus padres, dado que todos “estaban muy ocupados y sin tiempo para estar con ellos”; tras la muerte y como arrepentidos del poco tiempo dedicado a sus padres en su visita, el otro comentario ha sido: “Si hubiéramos sabido que moriría… le hubiéramos dedicado más tiempo”. Cada uno de sus hijos ha estado, en distintos grados, sumido en su propio egoísmo. Ninguno de ellos ha dejado su rutina, su trabajo, su “comodidad”, para escuchar  y dar lugar en sus vidas a sus padres.

Paradójicamente,  ha sido un extraño a la familia quien los ha acogido de buen  gusto. En “Tōkyō Monogatari” ha sido la nuera quien se ofrece para llevar a pasear a los padres de su difunto esposo, pidiendo el día en el trabajo, y no sólo eso: sabiendo que le descontarán el día en su sueldo. Ella los lleva y los recibe en su casa con placer, disfrutando de su compañía. Y será el mejor recuerdo, la mejor compañía y la mejor estadía que reconozcan sus padres.

En “Cerezos en Flor”, también es la nuera quien los llevará a pasear y recorrer la ciudad, puesto que las ocupaciones de uno de sus hijos, aun tras prometerlo, lo excusarán. Y, extrañamente, la propia hija recibe a sus padres con bastante hostilidad, decidiendo éstos partir aún en tierras y lugares desconocidos.

Los hijos no tuvieron la capacidad de hacer una pausa, de salir de su cotidianidad, para recibir y contemplar en sus padres, la flor del Sakura.

Por si fuera poco, en ambos films aparece un hijo que vive más lejos. Estos hijos, cuyo grado de egoísmo en sus propias ocupaciones, en su propia vida, en ningún caso se encontrarán con sus padres mientras viven, y sólo podrán llegar al velatorio. Ellos se quebrarán en llantos, reconociendo que ya es demasiado tarde. No supieron valorar a sus padres mientras vivían. No supieron ver en sus padres, y en sus propias vidas, la flor del cerezo, que sólo embellece nuestros días por este mundo fugazmente.

Estos films nos recuerdan una vez más que hay que saber escuchar a los padres, saber apreciar su efímera existencia, aprender de la flor del Sakura a valorar cada vida como única e irrepetible, contemplando su belleza y su sabiduría mientras duran. Y nos recuerdan, como decía el tráiler del film “Cerezos en flor”: “Nunca es tarde para cumplir un sueño y empezar a vivir” con esta nueva actitud ante la vida.

Más información – Fichas técnicas

CEREZOS EN FLOR
(Kirschblüten – Hanami)

Dirección y guión: Doris Dörrie.
Países:
Alemania y Francia.
Año: 2008.
Duración: 127 min.
Género: Drama.
Actores: Elmar Wepper (Rudi), Hannelore Elsner (Trudi), Aya Irizuki (Yu), Nadja Uhl (Franzi), Maximilian Brückner (Karl), Birgit Minichmayr (Karolin), Floriane Daniel (Emma), Felix Eitner (Klaus).
Producción: Molly Von Fürstenberg y Harald Kügler.
Música: Claus Bantzer.
Fotografía:
Hanno Lentz.
Montaje: Inez Regnier y Frank Müller.
Diseño de producción: Bele Schneider.
Vestuario:Sabine Greunig.

Tōkyō Monogatari (東京物語)

País(es): Japón

Año: 1953

Género: Drama

Duración: 136 minutos

Idioma(s): japonés

 

Dirección: Yasujirō Ozu

Producción: Takeshi Yamamoto

Guion: Yasujirō Ozu – Kōgo Noda

Música: Kojun Saitō

Fotografía: Yuharu Atsuta

Actores: Chishu Ryu

Chieko Higashiyama

Setsuko Hara

Haruko Sugimura

El Sumi-E como actitud ante la vida | Entrevista a Stella Escalante

Publicado en: Urbanikkei. La revista de la cultura japonesa en la Argentina, 2011, Año 12, Número 126. R. N. P. I. en trámite, Buenos Aires.

El sumi-e o Suiboku es una técnica de dibujo monocromático en tinta, que se originó en China en el siglo V. Fue introducida en Japón a mediados del siglo XIV por monjes budistas zen, y tuvo su apogeo durante el período Muromachi (1338-1573).

Junto con Stella Escalante* redescubriremos en el Sumi-E un espíritu contemplativo, reflexivo y de un profundo trabajo interior de superación personal. Y si bien sus raíces atraviesan siglos, nos deja mucho que aprender y admirar en nuestros días.

“Trabajar en Sumi-e supone abordar un camino de superación personal […]. No existen metas sino que cada una de las metas que nos proponemos forman parte de un solo camino […].”

 

“Desde el Sumi-e uno se acerca un poco a la naturaleza mediante su  observación y va aprendiendo a entenderla y a quererla. Va reconociendo sus ciclos y su ritmo y va aceptando que toda trasgresión […] por parte del ser humano atenta contra su propia existencia”.

 

¿Cuáles son las características de la pintura Sumi-E?

 El sumi-e  es una técnica japonesa de pintura donde se dibuja y pinta simultáneamente, y  se la puede considerar como única en la historia de las artes, siendo una de sus características distintivas  su monocromía y el trabajo con valores de grises. Su fin es reproducir la imagen a representar mediante certeras pinceladas, y precisamente en esa simultaneidad se funden dos ideas que posibilitan la representación espontánea y sincera de un momento en que el sujeto nos conmueve. Es pues más que una representación formal, un reflejo de un estado de ánimo. Por supuesto que esta interpretación solo es posible realizarla mediante el dominio de una técnica que requiere de una rigurosa preparación metódica, progresiva, y de exigente superación.

¿Quiénes fueron sus maestros?

 Siendo estudiante de la Escuela Fernando Fader y muy interesada en la pintura, comencé a concurrir al taller del maestro Demetrio Urruchúa. La fascinación no solo estaba en lo que escuchaba en cuanto a pintura, sino también por el entorno y la figura imponente del Maestro. Al egresar de la escuela comencé mis estudios en la Escuela Nacional de Cerámica, buscando  dentro de las artes plásticas el lugar donde mejor pudiera expresarme. En esa búsqueda retomo la pintura al óleo asistiendo a clases en los talleres de los maestros  Ernesto Manili y Adolfo Nigro con los que adquirí una visión muy interesante y diferente de cada uno de ellos que provocó en mí un acercamiento al abstracto.

¿Cómo fue su acercamiento, cuál fue su experiencia con el Sumi-E y con el arte, cuáles fueron sus motivaciones?

 Después de algunos años un poco cansada de mi trabajo y curiosa de probar otra experiencia, comencé a tomar clases de pintura oriental con Tomás Yamada, donde descubrí la acuarela, técnica que durante mis estudios se veía muy someramente, casi  con un tratamiento como témpera. Pero lo que más me provocó admiración eran las pinceladas dinámicas y expresivas de la tinta sumi sobre el papel arroz: Realmente quedé cautivada.

Complementaron mis estudios de arte oriental el aprendizaje con la maestra china Chiu Tai Li, en un breve tiempo pero con resultados muy enriquecedores.

¿Qué actitud implica? ¿Qué sensaciones despierta, qué moviliza interiormente?

 Trabajar en sumi-e supone abordar un camino de superación personal deponiendo todo tipo de vanidad y veleidad, aprendiendo con cada obra realizada que la misma es pasible de ser superada. Lograr entender que no existen metas sino que cada una de las metas que nos proponemos forman parte de un solo camino, nos van ampliando el horizonte y a la vez nos hacen ser humildes ante lo que falta por recorrer. Esa percepción de la pequeñez y de la fugacidad de las cosas nos hace, indubitablemente, mejores personas.

¿Podría explicarnos brevemente cuál es el significado de los Cuatro Caballeros?

 Los “cuatro caballeros” o “gentilhombres” es una denominación que aparece por primera vez en un manual de pintura china llamado “El jardín de las semillas de mostaza” que data del año 1679. Sintetiza en las figuras de cuatro plantas, cuatro posibles formas de trazos con el pincel, con el agregado de que cada una de estas plantas simboliza una virtud y una estación del año.

  1. El crisantemo representa al otoño y a la humildad.
  2. El ciruelo al invierno y a la pureza.
  3. La orquídea silvestre a la primavera y a la femineidad y la fragancia.
  4. El bambú al verano y a la integridad y masculinidad.

¿Por qué es tan importante en el Sumi-E el vacío?

 Los espacios en blanco o vacíos  son en la pintura oriental  un elemento indispensable y absolutamente  expresivo. Se pueden comparar con los silencios en un poema o en  la música convirtiéndose en parte activa del trabajo. Tienen un carácter dinámico ya que producen en la pintura una sensación de aire y desahogo.

Se  puede aplicar de varias formas, ya sea en el dibujo dejando una forma incompleta estimulando la imaginación, en las nubes, agua, nieve, bruma o en las mismas pinceladas donde el vacío aparece dentro del mismo trazo.

¿Qué mensaje cree que puede dar esta pintura en una cultura sumida en la inmediatez, en un ritmo de vida que transcurre a un ritmo vertiginoso, que se pierde en la vorágine a diario?

 No es fácil ni pertinente pretender dar un mensaje desde una posición  donde se busca ser humilde. En todo caso, se podría decir que desde el sumi-e uno se acerca un poco a la naturaleza mediante su  observación y va aprendiendo a entenderla y a quererla. Va reconociendo sus ciclos y su ritmo y va aceptando que toda trasgresión de los mismos por parte del ser humano atenta contra su propia existencia.

La contemplación, la reflexión y la elaboración interior necesarios para trabajar con este tipo de pintura nos van fortaleciendo espiritualmente y actúan como un bálsamo  ante  una realidad desbordante y avasalladora, ayudándonos a aceptarla con esperanza y optimismo.

Más info: escalantestella@hotmail.com

web: www.stellaescalante.com.ar

Tel. (++54-11) 4572-5136

*STELLA ESCALANTE es artista plástica, con una gran trayectoria docente en sumi-e, ha realizado numerosas muestras en el Centro Cultural de la Embajada de Japón, en el Jardín Japonés, y en Centros Culturales y Museos a lo largo de todo el país. Ha sido premiada por el Jardín Japonés como mejor Pintura Oriental, entre otros.