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Un tanguero en Japón | Entrevista a Julio Rodolfo

Nota publicada en Revista Urbanikkei, 2012.

La historia de vida de Julio Rodolfo íntimamente ligada al tango es un puente cultural que une Argentina con Japón, y la historia del tango desde su época de oro hasta su actual resurgimiento. Una vez más, la música, en este caso el tango, trasciende las fronteras y el tiempo, los corazones y las pasiones.

Rodolfo di Piazza –Julio Rodolfo- es cantante, músico y bailarín de tango. En su extensa trayectoria encontramos que participó de orquestas como las de Miguel Caló, Pedro Laurenz, Osvaldo Fresedo, José Basso, entre otras. Y como cantante, estuvo con Fulvio Salamanca, entre tantos.

El tango lo llevó, a lo largo de 30 años, a tierras tan lejanas como Italia, Alemania, Suiza, Australia, Estados Unidos, Puerto Rico, Costa Rica, Nueva Zelanda, Perú, Bolivia, Venezuela. Visitó Japón nueve veces con diferentes orquestas. Aquí, su experiencia.

Julio Rodolfo¿Por qué has vuelto así

con las sombras del ayer,

arrastrando tu vejez junto a mí?

Mira como estoy por estar lejos de ti,

yo también envejecí de dolor.

Hoy somos los despojos, nada más,

no sé si has hecho bien en regresar.

“Los despojos”, tango, 1947. Letra Horacio Sanguinetti.

¿Estuvo influenciado por su familia?

Yo tenía 5 años y tocaba la armónica, después me compraron una batería chiquita para estar en el conjunto de mi padre llamado “Los errantes” donde hacían tangos y otros estilos de música, él allí fue contrabajista. A mi padre le debo muchos consejos que me dio. Mis tíos también fueron músicos, esto viene de herencia, creo que está en mi sangre. Siempre estuve rodeado por la música. Y yo te digo, si me llego a morir y volviera a nacer quiero ser músico otra vez, es algo que se lleva en el alma.

Si Ud. tuviera que escribir un tango hoy, ¿sobre qué trataría?

Escribí un tango llamado: “Papá vecino de estrellas”, que me lo grabó Rodolfo Lesica con la orquesta de Alberto Di Paulo. Hoy me gustaría escribir un poco sobre lo que hice yo, los viajes dejan mucha experiencia, muchas vivencias, cada país tiene su cosa distinta. También tengo una milonga que grabó Héctor Varela: “No me vas a venir a buscar”. Esta letra surgió por la segunda mujer que tuve, que siempre que salía me decía: “¿No me vas a venir a buscar?”. De ahí nació la milonga. Las mujeres siempre inspiran.

¿Qué tipo de tangos le gusta cantar más?

A mí me gusta más lo melódico, a mí me gusta por ejemplo “Vieja amiga” (1938, letra: Contursi, orq. Laurenz), “Por la vuelta” (1937, letra: Cadícamo, orq. Basso), lo último que grabé fueron “Los despojos” (1947, letra: Sanguinetti, sexteto Fulvio Salamanca), “Como rosas prendidas” (también un tango de Fulvio Salamanca), “Cautivo” (1941, letra: Rubinstein). Pero no voy a decir que los tangos “reos” no son también lindos. Me gustan el tango reo, el melódico y el cómico, como “Garufa” (1927) –Julio Rodolfo canta-: “Garufa, ¡pucha que sos divertido! Garufa, ya sos un caso perdido; tu vieja dice que sos un bandido porque supo que te vieron la otra noche en el Parque Japonés”. Eso es bien festivo.

 ¿Cuál es el tango que más admira por la letra?

Hay muchos tangos que me gustan: “Los despojos”, las letras de Cadícamo, de Discépolo, Homero Manzi… todos ellos fueron grandes autores. Antes había muchos más autores de tango. Fíjese usted Gardel, ese fenómeno, la cantidad de tangos que grabó. El Polaco Goyeneche, que cantaba tanto un tango reo como un tango melódico. Bueno, todos ellos fueron capos.

Muchas veces me pregunto ¿se volverá a dar eso otra vez, como fue antes? No sé si es difícil. Lo que pasa es que antes era todo tango. En cambio ahora, para meter cien personas de tango no es fácil. En cambio, hoy viene alguien como Roger Waters que viene y en 9 días mete 400.000 personas. Y los pibes hacen largas colas y hasta se quedan a dormir para sacar la entrada. Entonces, hay una diferencia muy grande. Ojalá algún día se revierta, pero si es así, va a llevar tiempo, yo no lo voy a ver.

¿Qué anécdotas podría contarnos de su trabajo en tan reconocidas orquestas?

Primero empecé como músico, tocaba el contrabajo, no era cantante. Toqué con varias orquestas, con Miguel Caló, Osvaldo Fresedo, Orlando Trípodi, Rovira, hice varias orquestas.

Con la orquesta de José Basso
Con la orquesta de José Basso

Un día, mientras estábamos acompañando a nuestro cantante Luis Correa, Osvaldo Rizzo “Pichuquito” en el bandoneón  y yo en el bajo tocando en un lugar, vino nuestro cantante y me dijo si yo podía cantar dos piezas, porque a él se sentía mal la garganta. Y yo le dije que sí, cómo no iba a cantar. Resulta que Fulvio Salamanca estaba sentado en el fondo. Cuando terminé de cantar, vino él y Pichuquito –el bandoneonista- y me preguntan si quería empezar en la orquesta de Fulvio Salamanca de cantor. Yo pensé que me estaban haciendo una broma, no les creí, imaginate. Entonces me dijeron que Salamanca estaba en una mesa, y que después de escucharme cantar, me proponía para que estuviera cantando en su orquesta. Entonces fui a la mesa, me acuerdo que le dije: “¿pero le parece Maestro que yo puedo cantar con usted, en semejante orquesta?” Y su respuesta fue: “Sí, si yo le digo es porque puede”. Y sacó del bolsillo del saco una partitura de “El último café”. Como sabía que yo era músico me dio la letra y la música para que la mirara y agregó: “usted va a grabar antes de debutar como cantante”. Y fue así.

Y así comencé a cantar, y nunca me alejé de Salamanca, salvo cuando me fui a Nueva York con Pedro Laurenz, que actuamos en el Carnegie Hall, junto a los Fronterizos.

Bueno, cuando estuve con Orlando Trípodi que era el pianista de Miguel Caló, se iba de gira a Centroamérica con Miguel Caló, y me dijo si quería ir con ellos, imposible decir que no.

Después estuve con Rovira que era la orquesta que acompañaba a Jorge Casal, y muchos más.

A nivel internacional y según su experiencia ¿por qué su atracción en tantas partes del mundo?

Yo creo que es algo sentimental. En Alemania por ejemplo, nos vinieron a buscar al hotel para hacer un show, era un baile de tango. Cuando llegamos no lo podíamos creer, al entrar ¡eran como trescientas parejas bailando tango!

En Australia, Alemania, México, Nueva York, Italia, es un fenómeno: el tango se difundió por otros países. Y creo que lo que más atrae es el baile, la gente quiere bailar. En Japón tuve diez alumnos, los japoneses son muy dúctiles para copiar, aprendían muy bien, se preocupaban. Bueno, hay que reconocer que los japoneses se preocupan de todas las cosas, por ejemplo, en la calle no se ve un papelito, y respecto del horario, es increíble la puntualidad con que llegan los trenes, las personas, todo.

Del tango actual, creo que el tango gusta más en otros países que acá. Me parece que hay muy poca promoción del tango en nuestro país.

Desde su perspectiva, ¿cómo llega el tango a Japón? ¿Por qué cree que el tango tuvo tanta recepción allí, en un país tan lejano?

Repercusiones de Julio Rodolfo en Japón

Bueno en Japón la primera cantante fue María de la Fuente y la orquesta de Juan Canaro. Juan tenía a Francisco y Mario como hermanos en la orquesta, también estuve con ellos pero no en Japón. Y se fue haciendo la carrera.

La primera vez que estuve en Japón fue en 1976, con Fulvio Salamanca. Después estuve con el Maestro Requena –que ya falleció-, con él fui cantando, tocando y bailando, cuatro veces. Con Norberto Ramos viajé tres veces. Y una con la orquesta de José Basso en 1982.

La música de Japón es bastante sentimental, creo que tiene algo parecido al tango. Cuando fui por primera vez en 1976, en cualquier lugar donde entrabas, había música japonesa. Después, a los años que volví, ya no era tan así. Caminaba el hombre adelante y la mujer japonesa atrás con kimono, todavía se veían carritos y después todo eso se perdió mucho. En ese entonces, el tango llenaba los teatros con tres mil personas, en otro convocabas dos mil. No solo eso, incluso en Tokio yo enseñé a bailar. Allí conocí a Ranko Fujisawa, que vino a ver el espectáculo, una gran cantante.

Creo que lo que más llegó es el baile. Es muy lindo, se tiene contacto con el cuerpo del otro. No como otros tipos de baile en que el hombre baila por un lado y la mujer por el otro. Es otra cosa, es mucho más romántico.

¿Hay milongas en Japón? ¿Qué diferencias notó entre las milongas de Argentina y las de Japón?

Sí, hay milongas y escuelas de baile también, en Italia y Alemania lo mismo. Los bailarines argentinos viajaron y armaron su escuela en el exterior, van y vuelven. Gloria y Eduardo Arquinbau, Juan Carlos Copes, Osvaldo Zotto, todos ellos dejaron escuela de baile allá. Muchos también se quedaron afuera, pero no es mi caso, a mí siempre me tiraba volver. Extrañaba la calle Corrientes, el Obelisco.

Acá también se creció mucho en cuanto al baile, hay muchas escuelas, eso me gusta. Ahora tenés chicos como Faustino, un gran bailarín, no es muy conocido. También Gloria y Eduardo, muy amigos míos, que recorrieron todo el mundo bailando.

En sus diferentes estadías llegó a recorrer 59 ciudades de Japón ¿Qué es lo que más le llamó la atención?

Yo tengo los mejores recuerdos de Japón y de su pueblo. Son muy buena gente. Es notable lo que hicieron con Nagasaki e Hiroshima, que se decía que no podría haber más árboles. Hoy está todo repleto de árboles y hay flores. Yo fui al Museo de Hiroshima y ahí tiembla uno. Y sin embargo, después de ese hecho terrible, se recuperaron muy pronto. Es admirable.

Bueno, donde hay mujeres hermosas es en la isla de Okinawa, hasta ahí llegamos en barco. En Fukuyama hay una peña de tango.

Después la honestidad de la gente no tiene palabras. Una vuelta fuimos a comer a un restaurant, yo me había comprado una cámara de fotos y me la olvidé. A las pocas cuadras viene alguien y me la alcanza corriendo. Y la puntualidad, como ya le dije. Es un gran país.

¿Qué diferencias encuentra entre el tango actual y el de antes?

Antes tenías muchísimas milongas: Arranque, Libres Argentina, Premier, Pista de Lima, Montecarlo, Picadilly, el Aiglon, Esmeralda, Suipacha, Once, Cabildo, Casanovas, era una cantidad… Mire si había pistas en aquél entonces. Eran todos lugares que llevaban doce músicos, ahora si se llevan tres es mucho. Antes me acuerdo que salíamos de la Radio El Mundo y salían diez micros de orquestas típicas y diez micros de jazz. Y la página del Diario el Mundo estaba llena de avisos, con todos los clubes que tenían baile. ¡Los calabreses firmaban un año antes! Mire la diferencia que hay, es enorme.

El programa de Soldán “Grandes Valores del Tango” también fue muy exitoso, hemos cantado todos en ese programa.

Antes llegaban los carnavales y si uno tenía que mandar un cambio en la orquesta no encontraba músico. Estaban todos ocupados, era un problema hacer un cambio. Pero también, como dije antes, había muchísimos lugares, ¿y qué queda ahora? No queda nada. Lo único que queda es la peña de cantores y los viernes y los sábados nada más. Antes se trabajaba todos los días.

Pero ahora ya no hay toda esa movida, en comparación a lo que era antes. Sí hay muchos chicos nuevos que son grandes cantantes, por ejemplo Esteban Riera, Jesús Hidalgo, Carlitos Moreno, con ellos viajé bastante. Y orquestas también tenés a: Ariel Ardit, lo mismo que Guillermito Fernández, bueno, esos chicos están tirando para adelante, luchan ellos solos, tocan bien y han estudiado bien, y se han dedicado de lleno a eso. Y de las orquestas de antes ya no queda ninguna.

En los últimos años pudimos experimentar una gran apertura dentro del tango como género musical, ¿con qué cree que tiene que ver este fenómeno?

Es otro tango el que encontrás ahora. Creo que a partir de Piazzola surgieron muchos siguiendo sus pasos. Pero Piazzola decía que era música de Buenos Aires, además él tuvo una orquesta en el año ’46 –creo que fue- y era tango tango, muy distinto a lo último que él hizo.

Pero antes, tanto Piazzola, Carlos Di Sarli, Juan D’ Arienzo, Miguel Caló, Roberto Caló, Edgardo Donato, Joaquín Torreyes, mire la cantidad de cantantes y de orquestas que había, todos trabajaban mañana, tarde y noche. La diferencia es abismal. Pero yo creo que los chicos van a querer, como antes, bailar de nuevo el tango.

A mí me gusta mucho más el tango de antes, inclusive Roberto Firpo, Julio de Caro, que ya eran de mucho antes. Julio de Caro fue un avanzado, en su orquesta ya estaba Pedro Laurenz, que después tuvo su propia orquesta.

Antes eran unos carteles bárbaros. Y bueno, todo eso se fue perdiendo y llegamos a lo que es ahora. Pero estoy contento con los bailes, que sí andan bien.