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Confesiones de éste interminable invierno

Descubrí que no ver una ventana –una salida, un escape- al comenzar cada día, me entristece profundamente. Creo que me está matando.

Hace más de un mes que no percibo más que sinsabores. Literalmente. Quizá sea explicitar el sinsabor que cotidianamente me acompaña, y aún cuando me esfuerzo y trato de imaginar los sabores, no logro nada.

Una tos seca me acompaña. Es la sequedad que habla de un vacío, de un agotarse allí nomás. Debilidad. Soledad inherente.

Mis defensas decaen, caen, decaen. Caigo.

Aunque llena de dificultades, y con varios obstáculos, sigo caminando. Sigo… caminando, cayendo, errando. Caminando.

mæ – 21-07-06

Por un instante logré sentir el aroma de un incienso. Fue un instante de gloria. Extrañaba sentir olores. Fue ese instante… espero poder rehabilitar mis sentidos pronto. Extraño sentir.

muerte(s)… propia(s) (o impropias)

Esta mañana -como cada mañana de los últimos tiempos, apenas logro levantarme, apenas logro vencer el sueño… Son esos instantes en que la pasividad de permanecer yaciente se impone activamente, en que el límite entre la vigilia y el  sueño apenas se distinguen, predominando la pesadez de una mente sin contenidos definibles y el cuerpo con una mezcla de sensaciones confundidas [¿fue real, lo soñé, estoy soñando?]-.
 
     [Caída a la “realidad”]      ¡Ya es tarde!!
Esta mañana, decía, en la continuidad de ese estado que visto desde afuera puede resultar penoso -no así para quien halla cierto placer en la indistinción y confusión de los habituales límites-, estaba pensando en la muerte:
     ¿Qué pasaría si todas las personas, más allá de las que son significativas, todas las que conozco mueren?
     ¿Acaso ello no es lo mismo que morir? …Cabría preguntarse qué sentido tendría vivir, prolongar la existencia, vacuidad de vacuidades.
     Entonces, ¿es preferible morir antes que el otro?
     Y, pensaba, somnolientamente, confusamente, que sería muy egoísta. Quizá, quienes ya han partido tuvieron el paradójico consuelo de no ver morir a los que le rodeaban… 
Aún cuando no encontrar más a nadie sea peor que irse y despedirse de todos, este vivir entre tantas incertezas, desconociéndolo todo de aquel instante, y con la sola certeza que llegará, no deja de enfrentarnos, una vez más, con nuestra soledad, compañera de este incierto viaje, que no nos abandona jamás.
Y sí, compartir la soledad es también dejar que nuestros pasos se pierdan en otras huellas que las propias, es hacer de un entramado de la propia historia, confundiendo lo propio de lo otro, en una confusión respetuosa y que valora al otro como inapropiable…
Y sí, la muerte del otro, es también la propia muerte..
mæ – 13/02/06

apuntes de viaje (I)

Sí, en el viaje emprendido me encontré con pasos muy diversos… entre divertidos, desesperados, extasiados, sedientos, tristes.., pero siempre distantes, ajenos, desconocidos; instantes en mi soledad siempre interrumpida e interpelada. Soledades compartidas, encontradas… desencontradas.
Finalmente, cada cual ha continuado su camino. Qué inesperados pasos habrán aguardado a cada uno tras despedirnos. Qué diferente cada paso, no salgo de mi asombro, aún cuando siempre prevea que el encuentro será todo un acontecer irreductible, inabarcable… inescrutable es el interior de cada uno. Qué mundo único se oculta en cada mirada, qué difícil acceder a él… imposible es recorrerlo en un instante, imposible aún en toda una vida.
Tras las primeras despedidas, mi marcha continuó solitaria por Valizas, este pueblito que por las noches puede hacer confundir las velas que iluminan el paso con las estrellas, donde no se sabe si se camina o se está volando, con rumbo y horizonte inciertos, aunque con pasos firmes y angustiados.
Cuando despedí a los caminantes encontrados, recordé la única diferencia entre caminar sabiendo que alguien aguarda al regresar, y entre no tener a nadie: en este último caso se camina más tranquilamente, con una agradable sensación de liviandad: sé que a nadie voy a encontrar, sé que nada espero.
Los pasos se sienten más ligeros y más nostálgicos también. En soledad, no pesan tanto los pasos, y al mismo tiempo, pesan demasiado: no hay quién ayude a alivianar la carga.
mæ – 17/01/2006, en Montevideo, Uruguay

Acompáñame a estar sola..

Casi sin quererlo, mientras oía la radio, sonó esta canción cuya letra varias veces escuché sin escuchar, sólo que ésta vez, en este momento de mi vida, recobra un significado peculiar: es casi un retrato de lo que siento..
 
La he modificado quitando algunas partes: ha quedado, sin querer y sin que lo buscara, algo así como la melodía de mi vida, o el grito tormentoso y sereno de mi corazón:
 

…que en este caminar errante, es la soledad mi compañía más fiel
y son la cercanía en las distancias, los encuentros con la mirada,
con las palabras, con los silencios…,
los que sostienen el hilo que aún me ata a la vida

 

Acompáñame a estar sola.

Acompáñame al misterio de no hacernos compañía.
Acompáñame al silencio de charlar sin las palabras
a saber que estás ahí y yo a tu lado…
Acompáñame a lo absurdo de abrazarnos sin contacto
tú en tu sitio yo en el mío como un ángel de la guarda.
Acompáñame a decir sin las palabras
lo bendito que es tenerte y serte infiel solo con esta soledad…

Acompáñame a quererte sin decirlo.
Acompáñame a estar solo para calibrar mis miedos
para envenenar de a poco mis recuerdos.

Para desintoxicarme del pasado.

Acompáñame a estar sola.

 

Adaptada de: Acompáñame a estar solo, de R. Arjona

mæ – 29/11/05
 

desvivirse a cada paso…

Ayer, en una de las tantas caminatas que emprendo cada día, con algo de prisa -como lamento que sean mis pasos habitualmente-, me topé -aunque cabría decir, que el otro se interpuso a mí, interpelándome– con una persona desconocida que me impresionó, pues hallé en ella una imagen de mis pensamientos, una encarnación de mis sentimientos, corporalidad que me resultaba tan ajena, tan extraña e impropia a mí, como extrañamente propia.
Era una anciana de edad muy avanzada, que avanzaba muy lentamente, apoyándose en un andador y aferrándose a la pared. Cada paso marcaba su rostro, agrietaba y plegaba hasta la totalidad de su ya arrugada piel, expresando inexpresables esfuerzos.
Caminaba, y en cada paso se le iba la vida…
su vida era desvivirse en cada paso.
Esa frase se me impuso, o quizá, era la frase caminando frente a mí, hablándome.
Me llamaba la atención que la anciana caminara sola, aunque nada debía llamarme la atención: nunca habíamos dejado de caminar solas; simplemente dos soledades se encontraron por un instante, para luego continuar caminando acompañadas por la soledad…
Sólo tras advertir a la anciana, tras agitarme y sufrir -tanto o más que la misma anciana- con cada paso suyo, continué caminando ya no tan de prisa, para estar atenta a los pasos que interponiéndose, interpelándome, me hablan a gritos con su silenciosa presencia a-nónima, llamándome, convocándome a un encuentro en la abismal distancia que ya nos separa, exponiendo una prolongación del entramado de mi senda, ya siempre atravesado por huellas, surcos, y pasos, tan ajenos como indistinguibles de mí.
 mæ – 23-10-05
Era Scorpius

palabras balbuceantes

Recorro y bebo gota a gota las palabras vuestras palabras- que con agrado y sorpresa salen a mi encuentro. Confieso que no sólo han marcado este espacio, sino que han dejado irrepetibles huellas en los errantes pasos que doy -pasos que marchan a veces ligeros, a veces, muy lento, pero que a pesar de las muchas dificultades, aunque anden confusos nunca se arrastran-.
Éstas –vuestras– palabras me embriagan, y aunque vea borroso, y tenga pocas fuerzas, calman -y colman por momentos- mi sed, en estas tierras agrietadas y secas…
Sin ellas –sin ustedes, mi desvío irresistible-, mi caminar estaría totalmente despojado y privado del colorido de vuestras hojas, vuestras perfumadas flores, vuestros imponentes árboles, cada granito de tierra, y cada gota de agua que me derrite…
Desde mi soledad, me regocijo en las marcas que han dejado en mí, me nutro y fortalezco, y también me desarmo al compartir un sentir semejante, en la angustia, en la dicha, …en el andar sin más.
Gracias…
mæ 11-10-2005

Ha llegado el momento de partir… (una vez más)

…Gracias por vuestros comentarios…
en este desierto, aunque camine solitaria, sus huellas me acompañan.
Sí, se parte a cada instante, en cada segundo…
También espero para vosotros, que al caminar,
aunque con rumbo incierto e impredecible, lo hagamos 
deteniéndonos a cada paso con la conciencia de su irreversibilidad..
para amarlo y valorarlo, llorarlo, sentirlo, abrazarlo…
pues en este caminar, se nos va la vida.
Parto… y aún cuando en mis “tierras más propias” siempre he estado cual extranjera que está de paso, comencé a caminar estando dispuesta a partir pronto, con la incerteza de no saber nunca cuándo recorrería esta posibilidad). Lo advierto igualmente, no es mucho más que tomar mis escasas pertenencias (pues propiamente me pertenecen impertinencias e impropiedades), y dar unos pasos intentando olvidar -aunque es un olvido que se graba en la piel cuales marcas de fuego: están siempre latentes y vivas, aunque no seamos conscientes de ellas-. Pasos desgarrantes.
Sí, pasaré mis días junto a mi más fiel, mi más preciada compañía y mi más deseada ausencia, la soledad. Soledad en medio de las multitudes, soledad en mi soledad.
En este tiempo he procurado aires de cambio, pero, cual errante, me he lanzado cual boomerang que regresa a mí misma, con una caída violenta, con un golpe en mis entrañas (en lo más profundo de mí). Pasos desarmados.
Mis pasos se encontraron con valiosas personas, admirables caminantes, huellas discretas, otras más llamativas. Y, cual errante, confundida me extravié entre múltiples y diversas pisadas, historias ajenas, reposé en surcos y tierras extranjeras, contorneando y acariciando huellas que no me pertenecen… me des-hice entre pasos ajenos, extraños, distantes… y cercanos. Pasos extraviados de una caminante perdida en tierras inapropiables…
Y aunque mi partida será una más (sin duda), lo confieso, estoy un poco atemorizada.
Tengo sed, pero no llevo agua:
tengo mis lágrimas.
Si muero en el desierto, no será a causa de sed.
Es momento de partir.
mæ – 12/09/05