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Hojarasca

Hojarasca

termina agosto y por estos lares hay hojarasca por doquier… montones de sentimientos se acumulan en la superficie impidiendo un sentir pleno… ¿remangarse y limpiar las hojas secas? sí, aunque también el pasado, lo vivido, forma parte innegable de nuestro presente, no somos otra cosa sino el entramado de caminos y de pasos que se cruzan en nuestro andar, que se detienen más o menos tiempo. imposible simplemente arrojar lo pasado y comenzar desde un cero inexistente.

¿dejar que las hojas abonen la tierra? sí, aunque conviene detenerse y seleccionar qué hojas deseamos conservar vivas, qué hojas nos alimentan y cuáles simplemente estorban o dañan…

sólo fue un instante que me detuve a pensar. la hojarasca me moviliza, me llama, me atrae…

caminante no hay camino, se hace camino al andar…

(pic by me)

viajante sin rumbo: mi modo de (re)comenzar

Ayer decidí salir de viaje, tras ningún rumbo fijo. Salgo hoy, me voy sola. Después de todo, no tengo demasiado que llevar. O mejor, no voy a llevar más que lo necesario, es decir, casi nada (por no decir: lo verdaderamente necesario es nada).
Quizá encuentre otros caminantes… y mis pasos ya no sean del todo solitarios. Pero no lo sé: nunca se tiene ninguna certeza de nada.
Sólo sé que habrá arena, y tendré vista al mar, desde el otro lado de mi país, cruzando el Río de la Plata. Y sé algo más, fundamental: no es un lugar donde vayan muchas personas. Es un pueblo alejado de las multitudes…
Creo que me dejaré perder, que caminaré sin tener noción del tiempo, que mis huellas se irán borrando a lo largo del imprevisible trayecto tras ningún lado. Me detendré frente al mar, mucho. Me dejaré balancear por las crestas del agua, de tanto contemplarlas.
Sólo saqué pasaje de ida. ¿Cómo saber cuándo regresar?
Así, parto sin saber bien cuándo regresaré. Acaso sea la mejor explicitación del viaje de la vida:
Marchar solitariamente, sin saber con certeza hacia dónde, desconociendo los pasos. Simplemente, sintiendo la necesidad de caminar, de salir de toda propiedad.
Sólo sé, que este es un modo de re-comenzar. Salir y emprender nuevo viaje. Y dejar las huellas del pasado atrás, para que sean corroídas por el viento, por el mar, por las aves… por el tiempo.
Y volver a empezar, una vez más, mirando hacia adelante, sin demasiado equipaje.
mæ 11/1/06

(sin) remedio para la nostalgia

Tras haber recorrido vanamente variedad de especialidades médicas y buscado en incontables mostradores de farmacias cuantos remedios me han indicado… mi mal-estar perdura y se agudiza, se apropia de mí… este andar penoso -pero honesto- se naturaliza…
Todavía no quiero darme por vencida. Y sin embargo, vivo como si  la profunda tristeza fuera mi única y verdadera compañera de viaje, morada de mi soledad, morada que me demora y pierde.
Pesa cada paso.
El pasado me llena de nostalgia por lo perdido (inevitablemente inatrapable), y el porvenir se desvanece en lo efímero de cada instante.
Todavía continúo. En cada instante se enciende una chispa que promete la diferencia, pero no bien ilumina, se extingue. Y a pesar de ello, muero por desvivirme, viviendo cada instante con todas mis fuerzas, con todo mi corazón, con toda mi nada.
Tengo frío… el frío alcanza mis huesos, alcanza lo más hondo, mi sangre se paraliza, mi corazón late demasiado lentamente, quiere detenerse; continúa débilmente. Necesito re-vivir. Necesito algún remedio…  y en el fondo, sospecho que la búsqueda es inútil: mi remedio no podrá prescribirlo ningún médico, y nada encontraré en los mostradores de farmacias, no hay remedios para dolores metafísicos…
¿Escuchas? Resuena la melodía de la melancolía…
mæ – 10-11-05