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Huellas en la Memoria: Jorge Eduardo Oshiro y Horacio Gushiken | Entrevista a Elsa Oshiro y Celeste Higa

Entrevista publicada en Urbanikkei.

El 24 de marzo de recordamos a las 30.000 huellas que dejaron las personas desaparecidas en la Argentina entre 1976 y 1983, víctimas de la aberrante dictadura militar. Entre esas huellas, encontramos a 17 desaparecidos de la colectividad japonesa, cuyas historias de vida remiten a grandes ideales de vida, justicia y solidaridad.

“La censura de prensa, la persecución a intelectuales, los allanamientos […]

el asesinato de amigos queridos y la pérdida de una hija […]

Estos hechos, que sacuden la conciencia del mundo civilizado,

no son sin embargo los que mayores sufrimientos han traído al pueblo argentino

ni las peores violaciones de los derechos humanos”

Rodolfo Walsh[1]

 

La memoria es lo que nos puede mantener vivos. Es más importante de lo que pensamos. ¿Por qué? Para recordar e impedir que se repitan en la historia de nuestro país, las violaciones a los derechos humanos cometidas durante la dictadura –que incluyeron desde secuestros, torturas, desapariciones, asesinatos, apropiación de bebés (que hoy buscan su verdadera identidad y sus verdaderas raíces), persecuciones, allanamientos de hogares… terror-. Y no sólo eso. La memoria también es lo que nos impedirá que se sigan cometiendo injusticias. Y son las huellas en la memoria, las historias de vida que siguen latiendo contra el olvido, las que nos darán las fuerzas para continuar luchando para que se haga justicia. Aquí, dos historias, dos huellas, que permanecen latentes en nuestra memoria.
1er. HUELLA: JORGE EDUARDO OSHIRO (18 AÑOS) – Entrevista a Elsa Oshiro (hermana)

¿Qué significado tiene para usted el 24 de marzo?

El 24 de marzo es la fecha en que todos los años la sociedad argentina conmemora el golpe cívico-militar de 1976, que dio lugar a la más sangrienta de las dictaduras en el país y en el continente. Es la fecha en que parte de la sociedad se moviliza para repudiar ese régimen, valorar el sistema democrático y comprometerse a fortalecerlo. No se trata de apoyar a tal o cual partido, sino de defender una forma de gobierno que tiene por finalidad garantizar los derechos de todos.

¿A quién recuerda en esa fecha?

Por supuesto que esta fecha me recuerda a mi hermano, Jorge Eduardo Oshiro, y a los miles de desaparecidos que dejó la dictadura, cuyas fotos están impresas en la larga bandera que es el eje de la marcha hacia la plaza de Mayo. Nosotros como grupo, también participamos de la marcha y llevamos una bandera con las fotos de los desaparecidos de colectividad. Es una buena oportunidad para que se nos acerquen amigos y compañeros de militancia y así establecer nuevos contactos que nos permitan reconstruir sus historias de vida.
¿Cómo lo recuerda? ¿A qué se dedicaba? ¿Era estudiante? (en caso afirmativo, ¿qué estudiaba?)
Lo recuerdo como un adolescente lleno de inquietudes, próximo a cumplir con el servicio militar, que en esos años era obligatorio. Él pertenecía a la primera clase (1958) que lo realizaría a los 18 años. Lo secuestraron antes de que pudiera presentarse a la revisación médica previa a la incorporación.
Era estudiante secundario. Cursaba en el turno noche de la Escuela Nacional de Educación Técnica de Villa Ballester.
¿Cuáles eran sus hobbies?

La música: tocaba la guitarra, tenía un grupo de rock con unos amigos. Admiraba a Spinetta (en estos días me preguntaba cómo hubiese reaccionado ante su muerte, de no haber sido desaparecido por la dictadura), también a Sui Generis, a los músicos chilenos: Violeta Parra, Víctor Jara, Quilapayún, Inti Illimani. También jugaba al ajedrez.
¿Cuáles eran sus ideales? ¿Cuáles eran sus sueños?

Jorge Eduardo Oshiro creía que se podía construir una sociedad más justa.

 

2da. HUELLA: HORACIO GUSHIKEN (21 AÑOS) – Entrevista a Celeste Higa (sobrina)

¿Qué significado tiene para usted el 24 de marzo?

El 24 de marzo, particularmente del año 2006 fue un día muy emotivo para nuestra familia, y particularmente para mi.

 

¿A quién recuerda en esa fecha?

A mi tío Horacio Gushiken, a quien no pude conocer. Fue uno de los 30 mil desaparecidos de la última dictadura del ‘76. Recuerdo que mi mamá nos contó que en Febrero del ‘78 se encontraron en un café de la Capital Federal, a donde él los había citado ya que hacía días que no regresaba a su casa de Florencio Varela porque sabía que lo estaban buscando. Mi mamá decide llevar a mi hermana mayor, que había nacido hacía pocos meses, para que mi tío Horacio pudiera conocerla. Esa fue la última vez que lo vieron.

Gracias al Equipo Argentino de Antropología Forense, en el año 2003 se comprueba que fue asesinado en Barranca de los Lobos en Mar del Plata y que lo entierran como NN en el cementerio Parque de esa ciudad. Así es que mi familia pudo recuperar sus restos, lo que posibilitó realizar una misa a la que asistieron familiares, amigos, e incluso compañeros de la secundaria de mi tío. Finalmente hoy descansa en paz en el cementerio de Florencio Varela.

La ceremonia de la misa representó mucho para mi familia. Todos pudimos llorar su muerte y pudimos de alguna forma, realizar un duelo como corresponde. Saber las circunstancias en las que él murió no cambia en absoluto el dolor de su muerte. Sin embargo tener la posibilidad de saberlo, romper con la incertidumbre de su paradero,  genera una sensación que resta dolor y devuelve un poco de calma. Por lo menos es la lectura que yo pude hacer el día de su misa, cuando veía las lágrimas de mi mamá y mis tíos al abrazarse. Eran lágrimas de dolor pero también de alivio.

 

¿Cómo lo recuerda? ¿A qué se dedicaba? ¿Era estudiante? (en caso afirmativo, ¿qué estudiaba?)

Tengo 28 años. Nací en Democracia. Por eso, las dictaduras eran temas que se estudiaban en Historia de la secundaria. Sin embargo en el Instituto Santa Lucia de Florencio Varela, el tema no se tocaba. Tiempo después supimos que mi tío, que asistía a esa misma escuela, había sido señalado por el rector como “subversivo”.

No tengo recuerdos propios de él porque no lo pude conocer. Pero luego de que fueron encontrados sus restos, tanto mis abuelos como mis tíos comenzaron a contarnos muchas cosas de él.

Mi tío Horacio era estudiante de secundaria. Al parecer le inquietaban mucho los problemas de la sociedad, y realizaba trabajos comunitarios en barrios humildes. Mi Oji siempre nos contaba que cuando comenzaron a perseguirlo  él le ofreció pagarle un viaje a Japón “hasta que las cosas se calmaran”. Pero mi tío se negó  respondiendo que no se podía ir si en su país había chicos que andaban descalzos y que iba a trabajar para que todos tuvieran zapatillas.

Por eso, mi recuerdo esta hecho en base a esas anécdotas. Lo recuerdo con mi imaginación: de pelo largo y despeinado, con una remera del Che y un morral lleno de libros. Y me hubiera gustado mucho conocerlo.

 

Ya que lo mencionás, ¿podrías contarnos por qué ese año (2006) fue particularmente significativo?

El año 2006, fue un año muy particular. Se cumplían 30 años del inicio de la Dictadura pero además, un decreto decía que era feriado. Y todos se movilizaron hacia plaza de mayo en una marcha que movilizó a unas 100.000 personas.

Yo decidí ir a Florencio Varela, a poner “Zenko” en el “butsudan” de la casa de mis abuelos y organizacé con mi mamá y mi hermana Vivi para ir a visitar a mi tío al cementerio. Pero hubo cambio de planes: nos encontramos con los Familiares de Desaparecidos de la Colectividad Japonesa (FDCJ) en el Congreso y fuimos marchando hacia la Plaza de Mayo. Ese 24 de Marzo fue un día muy emotivo para mí. Era caminar y sentir una energía especial en la gente. Era una reunión en donde todos recordábamos. En la que nos juntábamos todos a hacer memoria y en ese ejercicio, sentía que estábamos haciendo presente a todas las personas desaparecidas… que caminaban también con nosotros. Recuerdo a mi Tío Luis (hermano de mi tío Horacio), llevando la bandera con las fotos de los desaparecidos nikkeis con una sonrisa, y a la gente acercándose a ver esas fotos y a abrazarnos o darnos la mano.

 

¿Querés compartir con nosotros las reflexiones nacidas a partir de la memoria, de la solidaridad en el dolor?

Sí. Al escribir un mail a mi Tía Amelia (Hermana de Horacio) para contarle cómo había sido la Marcha de los 30 años, me di cuenta que hasta ese momento, en mi familia se recordaba al Tío Horacio con un inmenso silencio. Nadie hablaba de él. Y nosotros, sus sobrinos, tuvimos que esperar a que encontraran sus restos para conocer lo que le había sucedido.

Entendí que ese silencio escondía dolor, un inmenso dolor, inexplicable como es la desaparición de una persona. Más dolorosa incluso que la muerte misma.

El caso de nuestra familia fue muy particular. Pero no dejo de pensar en todas esas familias con desaparecidos (de la dictadura y lamentablemente también en democracia) que todavía siguen esperando a sus seres queridos y luchando por saber la verdad y por que se haga justicia.

 

SOBRE FAMILIARES DE DESAPARECIDOS DE LA COLECTIVIDAD JAPONESA (FDCJ)
¿Cómo surgió Familiares de desaparecidos de la Colectividad Japonesa? ¿En qué año se crea?
El grupo de Familiares surge cuando María Antonia Higa (Mary, hermana de Juan Carlos Higa, desaparecido el 17 de mayo de 1977) y Eduviges Bresolín (Beba, esposa de Oscar Oshiro, desaparecido el 21 de abril del mismo año), comenzaron a visitar a las familias de otros desaparecidos de la colectividad para realizar gestiones en conjunto ante las autoridades japonesas e instituciones locales. No es un grupo institucionalizado, no tenemos actividades regulares, pero estamos siempre en contacto.

 

Creemos que ante el dolor los lazos de solidaridad se fortalecen ¿Qué  vínculos se generaron con otras agrupaciones, como por ejemplo Abuelas de Plaza de Mayo, Madres, H.I.J.O.S.?
En los primeros años, nos vinculamos con los organismos que recibían las denuncias, tales la Liga Argentina por los Derechos del Hombre, la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos, Familiares de Desaparecidos y Detenidos por Razones Políticas, y el Movimiento Ecuménico por los Derechos Humanos.

En abril de 1977 se empiezan a organizar las Madres de Plaza de Mayo. En 1986 se crea la agrupación H.I.J.O.S (Hijos por la Identidad y la Justicia, contra el Olvido y el Silencio) y en 2002 Herman@s de Desaparecidos por la Verdad y la Justicia.

Si bien tenemos contactos con todos los organismos, es con las Madres de Línea Fundadora y con Herman@s con quienes tenemos el vínculo más estrecho.
¿Cuál fue el impacto dentro de la colectividad japonesa?  ¿Qué actitudes se tomaron?

Algunos miembros realmente no sabían lo que estaba pasando, otros fueron muy solidarios y trataron de acompañar a nuestras familias, otros tuvieron miedo y nos evitaban, otros, con más poder dentro de las instituciones locales no se ocuparon. Los periódicos de la colectividad, por lo general no tocaban el tema (¿censura o autocensura?). En síntesis: nada diferente a lo que sucedió en la sociedad en general.
¿Cómo ven a las nuevas generaciones en relación al tema?

Actualmente el tema está ampliamente difundido. Nadie puede decir que no sabía.
Desde el retorno a la democracia en 1983 hasta ahora hay una mayor conciencia de que “nunca más” se debe permitir un golpe de estado.

Si la pregunta se refiere puntualmente a la colectividad, creo que en los ámbitos institucionales se nota un cambio positivo.

Hay que destacar que también dentro de nuestro grupo se nota la incorporación de las nuevas generaciones. Al trabajo que inicialmente desarrollaban los padres, esposas y hermanos de los desaparecidos, se han sumado los hijos y sobrinos de los mismos, aportando su presencia y creatividad en los actos que realizamos.

En 2002 pudimos hacer nuestra primera muestra, contando las historias de vida de nuestros desaparecidos en la sede de Nakagusuku Sonjin Kai, con la colaboración de la Red 2 K, un grupo de jóvenes solidarios muy capaces y organizados. Las publicaciones de la colectividad (La Plata Hochi, Alternativa Nikkei, Urbanikkei) realizaron notas alusivas.

En 2010 la Embajada puso a nuestra disposición su Centro Cultural. Realizamos una muestra con amplia repercusión en los medios informativos.

En la Asociación Japonesa en la Argentina ha habido un recambio en el grupo dirigente. Nos han abierto sus puertas para realizar una muestra en homenaje a nuestros desaparecidos en 2011, y se ha colocado una baldosa con sus nombres en la vereda de la institución.

En Nichia Gakkuin nos han invitado a conversar con los alumnos. En el programa radial “Japón Hoy” (realizado por jóvenes nikkei) fuimos invitados en varias oportunidades.

 

Las 17 huellas en la Memoria de la colectividad Japonesa

Entre los años 1976 y 1978 desaparecieron en la Argentina 17 personas de la colectividad japonesa en Argentina. Los 17 desaparecidos nikkei son: Juan Carlos Asato (28 al momento de su desaparición), Ricardo Dakuyaku (23), Carlos Horacio Gushiken (21), Julio Eduardo Gushiken (21), Ana Amelia Higa (29), Katsuya “Cacho” Higa (26), Juan Carlos Higa (29), Carlos Eduardo Ishikawa (26), Luis Esteban Matsuyama (23), Norma Inés Matsuyama (10), Jorge Nakamura (21), Carlos Aníbal Nakandakare (20), Óscar Takeshi Oshiro (36), Jorge Eduardo Oshiro (18), Juan Takara (33), y Emilio Yoshimiya (29) y Juan Alberto Cardozo Higa.

Fuente: Argentina Centro de Medios Independientes (( i )), “Desaparecidos de la Colectividad Japonesa durante la dictadura militar del 76-83” por Diego Ardouin.


[1] Carta abierta de Rodolfo Walsh a la Junta Militar, 24 de marzo de 1977

Huellas com-partidas

Casi sin darme cuenta, ha transcurrido ya un año desde mi salida al otro lado de la orilla del Río de la Plata…
Mirando hacia atrás, veo mi par de huellas errantes, solitarias, vacilantes… dicho en otras palabras, me veo a mí misma, me veo como soy.
Y a partir de ese regreso, en este año recorrido -con mis mismos siempre indeterminados y errados pasos que se lanzan a andar- contemplo con gran placer los pasos de los caminantes que han salido a mi encuentro, o a quienes he salido yo a su encuentro. O mejor, a quienes el camino de la vida y de los instantes encontrados y también desencontrados ha reunido en un mágico instante.
Este año he encontrado -y reecontrado, desde luego- caminantes muy valiosos, cuyos pasos resignifican y embellecen los míos con sus vidas, se unen a los míos, y se confunden sin dejar de distinguir la particularidad y hermosura de cada huella.
Gracias sinceras…
 
mæ – 19-01-2007
  PD. esas huellas que para ti pueden ser asimétricas, como las mías pueden serlo para mí, poseen la belleza de su singularidad y de su historia que es única. Y me llena de alegría verlas junto a las mías, ver que parten juntas a transitar este camino que puede parecernos ya conocido o recorrido, y sin embargo, se redescubre, resignifica y revaloriza gracias a las nuevas perspectivas del acompañante. Gracias otra vez…

muerte(s)… propia(s) (o impropias)

Esta mañana -como cada mañana de los últimos tiempos, apenas logro levantarme, apenas logro vencer el sueño… Son esos instantes en que la pasividad de permanecer yaciente se impone activamente, en que el límite entre la vigilia y el  sueño apenas se distinguen, predominando la pesadez de una mente sin contenidos definibles y el cuerpo con una mezcla de sensaciones confundidas [¿fue real, lo soñé, estoy soñando?]-.
 
     [Caída a la “realidad”]      ¡Ya es tarde!!
Esta mañana, decía, en la continuidad de ese estado que visto desde afuera puede resultar penoso -no así para quien halla cierto placer en la indistinción y confusión de los habituales límites-, estaba pensando en la muerte:
     ¿Qué pasaría si todas las personas, más allá de las que son significativas, todas las que conozco mueren?
     ¿Acaso ello no es lo mismo que morir? …Cabría preguntarse qué sentido tendría vivir, prolongar la existencia, vacuidad de vacuidades.
     Entonces, ¿es preferible morir antes que el otro?
     Y, pensaba, somnolientamente, confusamente, que sería muy egoísta. Quizá, quienes ya han partido tuvieron el paradójico consuelo de no ver morir a los que le rodeaban… 
Aún cuando no encontrar más a nadie sea peor que irse y despedirse de todos, este vivir entre tantas incertezas, desconociéndolo todo de aquel instante, y con la sola certeza que llegará, no deja de enfrentarnos, una vez más, con nuestra soledad, compañera de este incierto viaje, que no nos abandona jamás.
Y sí, compartir la soledad es también dejar que nuestros pasos se pierdan en otras huellas que las propias, es hacer de un entramado de la propia historia, confundiendo lo propio de lo otro, en una confusión respetuosa y que valora al otro como inapropiable…
Y sí, la muerte del otro, es también la propia muerte..
mæ – 13/02/06

huellas perdidas (apuntes II)

En mi último día de mar, me conmovió mucho ver cómo mis huellas, la marca de mi paso grabada en la arena, se borraban tan fácilmente por las caricias del mar al pasar. Así han de ser mis pasos en la historias que fui encontrando, con quienes entrecruzamos pasos e instantes.
Mientras caminaba por la orilla donde el mar dejaba su espumante huella al acariciar la arena y penetrarla, encontré varios animales muertos. Curiosamente he viajado al lugar donde los lobos marinos escogen para morir, o mejor, donde mueren. Aparecieron ante mis pasos dos cadáveres de lobos marinos, ya atravesados por el paso del tiempo, en descomposición. También encontré un cangrejo y un pez, ambos muertos.
Ni los que se arrastran por el suelo -como el lobo marino-, viven -ni sobreviven- en la región, ni quienes poseen suficiente movilidad y habilidad para maniobrar y defenderse, que tienen dura caparazón y hasta temerosa apariencia -como el cangrejo-. Y tampoco, quienes nunca han salido de su medio de subsistencia, que no soportan el impacto del afuera -el pez-.
Me desanima un poco reconocer que las conchillas estaban vivas [¿qué vivir ha de ser el encierro ensimismado, el vivir siempre encerrado?]… ellas, que subsisten entre rígidas paredes… sin embargo, antes que vivir, creo que sobreviven, a su modo.
Por el contrario, parece que las gaviotas saben vivir y conservar la altura, sin perder el contacto con la tierra, y sin dejar de volar.
Y los grillos (invadieron con su canto toda la estadía) viven cantando y saltando, seguramente cantarán también en sus angustias y tristezas las más bellas melodías, cantarán para no morir, o para morir cantando.
Y yo, solitaria en medio de extraños, en tierras desconocidas, sigo escribiendo, para no morir, al menos, mientras lo hago.
mæ – 17/01/2006, en Montevideo, Uruguay

viajante sin rumbo: mi modo de (re)comenzar

Ayer decidí salir de viaje, tras ningún rumbo fijo. Salgo hoy, me voy sola. Después de todo, no tengo demasiado que llevar. O mejor, no voy a llevar más que lo necesario, es decir, casi nada (por no decir: lo verdaderamente necesario es nada).
Quizá encuentre otros caminantes… y mis pasos ya no sean del todo solitarios. Pero no lo sé: nunca se tiene ninguna certeza de nada.
Sólo sé que habrá arena, y tendré vista al mar, desde el otro lado de mi país, cruzando el Río de la Plata. Y sé algo más, fundamental: no es un lugar donde vayan muchas personas. Es un pueblo alejado de las multitudes…
Creo que me dejaré perder, que caminaré sin tener noción del tiempo, que mis huellas se irán borrando a lo largo del imprevisible trayecto tras ningún lado. Me detendré frente al mar, mucho. Me dejaré balancear por las crestas del agua, de tanto contemplarlas.
Sólo saqué pasaje de ida. ¿Cómo saber cuándo regresar?
Así, parto sin saber bien cuándo regresaré. Acaso sea la mejor explicitación del viaje de la vida:
Marchar solitariamente, sin saber con certeza hacia dónde, desconociendo los pasos. Simplemente, sintiendo la necesidad de caminar, de salir de toda propiedad.
Sólo sé, que este es un modo de re-comenzar. Salir y emprender nuevo viaje. Y dejar las huellas del pasado atrás, para que sean corroídas por el viento, por el mar, por las aves… por el tiempo.
Y volver a empezar, una vez más, mirando hacia adelante, sin demasiado equipaje.
mæ 11/1/06

fin de un año errado…

¡Al fin! …-aclamación no acompañada de algún sentimiento de alivio, como parece-.
   Se aproxima el fin de este año errado -que me mantuvo involuntariamente errante-, el simbólico -y necesario- fin, ficción de un nuevo comienzo…
Es necesario acabar, para no desesperar.
   Y sí, es -será- para cada uno un nuevo comienzo, depositario de esperanzas, de deseos renovados, de aire renovado.
Aire es lo que necesito en estos días… me ahogo… muero de frío… muero… daría mi vida por una bocanada de aire renovado –prefiero morir con una última porción de aire renovado, que vivir agonizando en esta densa atmósfera-.
   Vivir así, no es vivir.
 
   Así llego a fin de año: con los sentimientos y con los pasos algo confundidos por el cansancio, agotados, agobiados. Pero cuidado: es muy distinto estar cansado que arrastrar los pasos. Arrastrarlos no.
En un vistazo hacia atrás, veo mis huellas -a veces ligeras, a veces, con profundas marcas- y creo que han sido demasiados obstáculos para una simple aprendiz. Es innegable, por otra parte, que los golpes, las caídas, los tropiezos, me han sensibilizado, y luego robustecieron mi espíritu [en otra perspectiva, también diría que son durezas del alma].  
En el camino recorrido predomina el desierto, la aridez y sequedad… la intensidad pesa un poco, y sólo el tiempo alivianará un poco el dolor de lo que ya no es, ni volverá a ser. 
Pero sería injusta si no cuento en mi haber las invalorables e incalculables huellas que se han entrecruzado con las mías, los encuentros con otros caminantes, los pasos compartidos, soledades encontradas, instantes irrepetibles, como irrepetibles sois cada uno. He aquí mi gran tesoro.
 
   Y ahora, cercano el nuevo año, vuelvo hacer mi apuesta y la redoblo, en la magia única de cada jugada, y en la magia única de cada jugador.
 
Ya vendrá algún tiempo de lluvia, que haga revivir y renovar mi sequedad. Necesito nuevos retoños. He de seguir caminando y recorriendo nuevas tierras, en esta búsqueda.
 
mæ – 25/12/2005

Ha llegado el momento de partir… (una vez más)

…Gracias por vuestros comentarios…
en este desierto, aunque camine solitaria, sus huellas me acompañan.
Sí, se parte a cada instante, en cada segundo…
También espero para vosotros, que al caminar,
aunque con rumbo incierto e impredecible, lo hagamos 
deteniéndonos a cada paso con la conciencia de su irreversibilidad..
para amarlo y valorarlo, llorarlo, sentirlo, abrazarlo…
pues en este caminar, se nos va la vida.
Parto… y aún cuando en mis “tierras más propias” siempre he estado cual extranjera que está de paso, comencé a caminar estando dispuesta a partir pronto, con la incerteza de no saber nunca cuándo recorrería esta posibilidad). Lo advierto igualmente, no es mucho más que tomar mis escasas pertenencias (pues propiamente me pertenecen impertinencias e impropiedades), y dar unos pasos intentando olvidar -aunque es un olvido que se graba en la piel cuales marcas de fuego: están siempre latentes y vivas, aunque no seamos conscientes de ellas-. Pasos desgarrantes.
Sí, pasaré mis días junto a mi más fiel, mi más preciada compañía y mi más deseada ausencia, la soledad. Soledad en medio de las multitudes, soledad en mi soledad.
En este tiempo he procurado aires de cambio, pero, cual errante, me he lanzado cual boomerang que regresa a mí misma, con una caída violenta, con un golpe en mis entrañas (en lo más profundo de mí). Pasos desarmados.
Mis pasos se encontraron con valiosas personas, admirables caminantes, huellas discretas, otras más llamativas. Y, cual errante, confundida me extravié entre múltiples y diversas pisadas, historias ajenas, reposé en surcos y tierras extranjeras, contorneando y acariciando huellas que no me pertenecen… me des-hice entre pasos ajenos, extraños, distantes… y cercanos. Pasos extraviados de una caminante perdida en tierras inapropiables…
Y aunque mi partida será una más (sin duda), lo confieso, estoy un poco atemorizada.
Tengo sed, pero no llevo agua:
tengo mis lágrimas.
Si muero en el desierto, no será a causa de sed.
Es momento de partir.
mæ – 12/09/05