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Desmenuzando “Jactancia de quietud”

Jactancia de quietud – extraído de  http://anidabar.wordpress.com/

Este fragmento de texto me disparó reflexiones de las más variadas (o no, en realidad es lo mismo dicho de varias maneras). Las comparto…

“Escrituras de luz embisten la sombra” …así se me presentan las palabras de cada caminante que -en la misma sintonía- se cruza en mi andar…

“Seguro de mi vida y de mi muerte”… camino vacilando de todo, permitiéndome dudar de todo, dudar para confirmar, dudar para intentar no caer en el acostumbramiento, aun de amar, aun de los sentimientos más sinceros… mi andar es el de una aprendiz que camina, una aprendiz peregrinante, que nada sabe, o que “solo sabe que no sabe nada”, y sin embargo, hay algo más que sé: que vivo y que moriré, que vivo y que mientras lo hago estoy muriendo a la vez…

“El tiempo está viviéndome”, el tiempo está muriéndome, el tiempo está matándome, reviviéndome… es inevitable que yo esté desviviéndome por vivir, viviendo para desvivirme, y así… un carrusel de vidas y muertes que se suceden, que me suceden…

“Mi nombre es alguien y cualquiera”, pues soy una persona más del millón de millones de millones y trillones de personas… todos somos uno más y sin embargo, todos somos más que uno, porque de entre esos miles de millones somos todos diferentes, muy diferentes, cada uno es un mundo, increíble es poco… cada uno es muy valioso, si viviéramos con esta convicción todo sería muy distinto…

“Paso con lentitud, como quien viene de tan lejos que no espera llegar”. Y es que al saber que es el camino nuestra vida, me desvivo por vivir lentamente, por desmenuzar ese andar que es nuestra vida, por disfrutar cada segundo, cada milisegundo, ya que es único e irrepetible… y trato, aunque corro mucho por la vida, porque no espero llegar a ninguna parte, solo disfrutar este andar… ya que:

caminante, no hay camino, que se hace camino al andar…

desvivirse a cada paso…

Ayer, en una de las tantas caminatas que emprendo cada día, con algo de prisa -como lamento que sean mis pasos habitualmente-, me topé -aunque cabría decir, que el otro se interpuso a mí, interpelándome– con una persona desconocida que me impresionó, pues hallé en ella una imagen de mis pensamientos, una encarnación de mis sentimientos, corporalidad que me resultaba tan ajena, tan extraña e impropia a mí, como extrañamente propia.
Era una anciana de edad muy avanzada, que avanzaba muy lentamente, apoyándose en un andador y aferrándose a la pared. Cada paso marcaba su rostro, agrietaba y plegaba hasta la totalidad de su ya arrugada piel, expresando inexpresables esfuerzos.
Caminaba, y en cada paso se le iba la vida…
su vida era desvivirse en cada paso.
Esa frase se me impuso, o quizá, era la frase caminando frente a mí, hablándome.
Me llamaba la atención que la anciana caminara sola, aunque nada debía llamarme la atención: nunca habíamos dejado de caminar solas; simplemente dos soledades se encontraron por un instante, para luego continuar caminando acompañadas por la soledad…
Sólo tras advertir a la anciana, tras agitarme y sufrir -tanto o más que la misma anciana- con cada paso suyo, continué caminando ya no tan de prisa, para estar atenta a los pasos que interponiéndose, interpelándome, me hablan a gritos con su silenciosa presencia a-nónima, llamándome, convocándome a un encuentro en la abismal distancia que ya nos separa, exponiendo una prolongación del entramado de mi senda, ya siempre atravesado por huellas, surcos, y pasos, tan ajenos como indistinguibles de mí.
 mæ – 23-10-05
Era Scorpius