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fin de un año errado…

¡Al fin! …-aclamación no acompañada de algún sentimiento de alivio, como parece-.
   Se aproxima el fin de este año errado -que me mantuvo involuntariamente errante-, el simbólico -y necesario- fin, ficción de un nuevo comienzo…
Es necesario acabar, para no desesperar.
   Y sí, es -será- para cada uno un nuevo comienzo, depositario de esperanzas, de deseos renovados, de aire renovado.
Aire es lo que necesito en estos días… me ahogo… muero de frío… muero… daría mi vida por una bocanada de aire renovado –prefiero morir con una última porción de aire renovado, que vivir agonizando en esta densa atmósfera-.
   Vivir así, no es vivir.
 
   Así llego a fin de año: con los sentimientos y con los pasos algo confundidos por el cansancio, agotados, agobiados. Pero cuidado: es muy distinto estar cansado que arrastrar los pasos. Arrastrarlos no.
En un vistazo hacia atrás, veo mis huellas -a veces ligeras, a veces, con profundas marcas- y creo que han sido demasiados obstáculos para una simple aprendiz. Es innegable, por otra parte, que los golpes, las caídas, los tropiezos, me han sensibilizado, y luego robustecieron mi espíritu [en otra perspectiva, también diría que son durezas del alma].  
En el camino recorrido predomina el desierto, la aridez y sequedad… la intensidad pesa un poco, y sólo el tiempo alivianará un poco el dolor de lo que ya no es, ni volverá a ser. 
Pero sería injusta si no cuento en mi haber las invalorables e incalculables huellas que se han entrecruzado con las mías, los encuentros con otros caminantes, los pasos compartidos, soledades encontradas, instantes irrepetibles, como irrepetibles sois cada uno. He aquí mi gran tesoro.
 
   Y ahora, cercano el nuevo año, vuelvo hacer mi apuesta y la redoblo, en la magia única de cada jugada, y en la magia única de cada jugador.
 
Ya vendrá algún tiempo de lluvia, que haga revivir y renovar mi sequedad. Necesito nuevos retoños. He de seguir caminando y recorriendo nuevas tierras, en esta búsqueda.
 
mæ – 25/12/2005

Ha llegado el momento de partir… (una vez más)

…Gracias por vuestros comentarios…
en este desierto, aunque camine solitaria, sus huellas me acompañan.
Sí, se parte a cada instante, en cada segundo…
También espero para vosotros, que al caminar,
aunque con rumbo incierto e impredecible, lo hagamos 
deteniéndonos a cada paso con la conciencia de su irreversibilidad..
para amarlo y valorarlo, llorarlo, sentirlo, abrazarlo…
pues en este caminar, se nos va la vida.
Parto… y aún cuando en mis “tierras más propias” siempre he estado cual extranjera que está de paso, comencé a caminar estando dispuesta a partir pronto, con la incerteza de no saber nunca cuándo recorrería esta posibilidad). Lo advierto igualmente, no es mucho más que tomar mis escasas pertenencias (pues propiamente me pertenecen impertinencias e impropiedades), y dar unos pasos intentando olvidar -aunque es un olvido que se graba en la piel cuales marcas de fuego: están siempre latentes y vivas, aunque no seamos conscientes de ellas-. Pasos desgarrantes.
Sí, pasaré mis días junto a mi más fiel, mi más preciada compañía y mi más deseada ausencia, la soledad. Soledad en medio de las multitudes, soledad en mi soledad.
En este tiempo he procurado aires de cambio, pero, cual errante, me he lanzado cual boomerang que regresa a mí misma, con una caída violenta, con un golpe en mis entrañas (en lo más profundo de mí). Pasos desarmados.
Mis pasos se encontraron con valiosas personas, admirables caminantes, huellas discretas, otras más llamativas. Y, cual errante, confundida me extravié entre múltiples y diversas pisadas, historias ajenas, reposé en surcos y tierras extranjeras, contorneando y acariciando huellas que no me pertenecen… me des-hice entre pasos ajenos, extraños, distantes… y cercanos. Pasos extraviados de una caminante perdida en tierras inapropiables…
Y aunque mi partida será una más (sin duda), lo confieso, estoy un poco atemorizada.
Tengo sed, pero no llevo agua:
tengo mis lágrimas.
Si muero en el desierto, no será a causa de sed.
Es momento de partir.
mæ – 12/09/05

no sin amor…

Mientras releía este fragmento, las palabras que rodeaban la doble negación del “no sin amor” me encendieron o incendiaron con palabras que arden en mí, resonando y avivándose de un modo renovador. No quiero dejar de transcribirlas, para que cada uno tenga su propia experiencia de ellas, y saque su riqueza…
[…] ¿Por qué, en lugar de “no sin amor”, no decir simplemente, solamente, que se ama? ¿Por qué no confesar que se ama aquello por lo que reconocería no estar sin amor? ¿Por qué, en lugar de decir “te amo” se anda aún con cumplidos? ¿Afectación? No, tampoco es un afectado “no existo sin amarte”, sino algo más alejado, más abstracto, más reticente aún, sin tuteo, un impersonal “no sin amor”. Sin verbo. Sin acto. Ya no hay nadie en estos lugares visitados religiosamente, no sin amor sino sin nadie que amar.
¿El amor? ¿”Te amo”? Falta reinventarlo -en este desierto. Allí donde falta el amor.
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Tomado de: “Rodar las palabras. Al borde de un filme”, Jacques Derrida y Safaa Fathy, 2000; versión ligeramente modificada para su mejor comprensión (o re-creación desde mi perspectiva, con los recursos que están a mi alcance) fuera de contexto…