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los caminos que transitamos

hoy, después de mucho tiempo de evitarlo, volví a tomar el tren sarmiento. volví a revivir alguno de los motivos por los cuales -particularmente ese viaje- no me hacía feliz.

más de una hora de demora esperando el tren. el día estaba hermoso hoy. es más, creo que si tuviera que encontrarle un correlato al clima a lo que me parece es la felicidad, era lo más cercano a eso. por eso, decidí desearle lo mejor para cada uno de los que estaba a mi alrededor, pensar en todos los caminantes que conozco, recientes, de más años, algunos que hace mucho no veo… y secretamente le envié mucho amor en forma de buenos deseos a cada uno.

el andén se fue llenando. después de más de una hora de espera, fue casi como viajar un día de semana en hora pico. decidí disfrutar la belleza de ver el cielo bastante más abierto que en capital. decidí relajarme y abrir mis sentidos.

y sí. me subí al tren y viajé apretadísima a más no poder. por eso deseé que todas y cada una de las partes de las personitas que me rodeaban y entraban en contacto con mi cuerpo (puf, si había puntos de contacto) fueran felices, muy, mucho.

también me di cuenta que el amor en estos casos padece estas limitaciones. no son insuperables, pero sí, no eran las mejores condiciones. sobre todo un día como hoy -de elecciones- me replanteaba que ante la desidia de los gobernantes es muy difícil amar, porque su dejadez para con el pueblo genera violencia…

también recordé porqué amo tanto caminar. caminar sin rumbo. y si es dialogando, mejor. porque mientras camino me doy cuenta que eso, sin más, es la vida. caminar. un paso, tras otro paso, tras otro paso. un paso, tal vez una caída, tal vez un desvío. un susto, una alegría, un contemplar la belleza que nos rodea. un disfrutar del silencio y también de las melodías que nos rodean.

caminar. eso es la vida, en eso se nos va la vida. es la distancia entre nuestra llegada y nuestra partida de este camino, es ese recorrido el más valioso, es ese tiempo que se nos está yendo… es disfrutar cada instante. es encontrar la felicidad en la sonrisa y tras la mirada de los caminantes que iluminan mi andar extraviado.

eso.

Desmenuzando “Jactancia de quietud”

Jactancia de quietud – extraído de  http://anidabar.wordpress.com/

Este fragmento de texto me disparó reflexiones de las más variadas (o no, en realidad es lo mismo dicho de varias maneras). Las comparto…

“Escrituras de luz embisten la sombra” …así se me presentan las palabras de cada caminante que -en la misma sintonía- se cruza en mi andar…

“Seguro de mi vida y de mi muerte”… camino vacilando de todo, permitiéndome dudar de todo, dudar para confirmar, dudar para intentar no caer en el acostumbramiento, aun de amar, aun de los sentimientos más sinceros… mi andar es el de una aprendiz que camina, una aprendiz peregrinante, que nada sabe, o que “solo sabe que no sabe nada”, y sin embargo, hay algo más que sé: que vivo y que moriré, que vivo y que mientras lo hago estoy muriendo a la vez…

“El tiempo está viviéndome”, el tiempo está muriéndome, el tiempo está matándome, reviviéndome… es inevitable que yo esté desviviéndome por vivir, viviendo para desvivirme, y así… un carrusel de vidas y muertes que se suceden, que me suceden…

“Mi nombre es alguien y cualquiera”, pues soy una persona más del millón de millones de millones y trillones de personas… todos somos uno más y sin embargo, todos somos más que uno, porque de entre esos miles de millones somos todos diferentes, muy diferentes, cada uno es un mundo, increíble es poco… cada uno es muy valioso, si viviéramos con esta convicción todo sería muy distinto…

“Paso con lentitud, como quien viene de tan lejos que no espera llegar”. Y es que al saber que es el camino nuestra vida, me desvivo por vivir lentamente, por desmenuzar ese andar que es nuestra vida, por disfrutar cada segundo, cada milisegundo, ya que es único e irrepetible… y trato, aunque corro mucho por la vida, porque no espero llegar a ninguna parte, solo disfrutar este andar… ya que:

caminante, no hay camino, que se hace camino al andar…

aunque no lo veamos…

aunque no lo veamos...

aunque no lo veamos… ¿el sol siempre está?
andamos, simplemente andamos, corremos por la vida… y hasta olvidamos que el sol, aunque sea por instantes, desapareció por completo de nuestra vida…
sin embargo, afortunadamente en este andar, hay instantes que -como ahora- el sol se asoma por entre las más grises nubes… cual bocanada de aire fresco, cual hendija luminosa en medio de un oscuro ambiente…
gracias le doy a la vida por los pasos de tantos caminantes que se cruzan en mi andar, que traen nuevos alientos, nuevos modos de vista, nuevos aires….
que acaso no somos otra cosa sino un entramado de pasos y de caminantes que forman parte de nuestro andar, que se cruzan, a veces por puro azar, a veces porque la vida nos fue guiando al encuentro…
gracias…

(pic by me)

Hojarasca

Hojarasca

termina agosto y por estos lares hay hojarasca por doquier… montones de sentimientos se acumulan en la superficie impidiendo un sentir pleno… ¿remangarse y limpiar las hojas secas? sí, aunque también el pasado, lo vivido, forma parte innegable de nuestro presente, no somos otra cosa sino el entramado de caminos y de pasos que se cruzan en nuestro andar, que se detienen más o menos tiempo. imposible simplemente arrojar lo pasado y comenzar desde un cero inexistente.

¿dejar que las hojas abonen la tierra? sí, aunque conviene detenerse y seleccionar qué hojas deseamos conservar vivas, qué hojas nos alimentan y cuáles simplemente estorban o dañan…

sólo fue un instante que me detuve a pensar. la hojarasca me moviliza, me llama, me atrae…

caminante no hay camino, se hace camino al andar…

(pic by me)

El Sumi-E como actitud ante la vida | Entrevista a Stella Escalante

Publicado en: Urbanikkei. La revista de la cultura japonesa en la Argentina, 2011, Año 12, Número 126. R. N. P. I. en trámite, Buenos Aires.

El sumi-e o Suiboku es una técnica de dibujo monocromático en tinta, que se originó en China en el siglo V. Fue introducida en Japón a mediados del siglo XIV por monjes budistas zen, y tuvo su apogeo durante el período Muromachi (1338-1573).

Junto con Stella Escalante* redescubriremos en el Sumi-E un espíritu contemplativo, reflexivo y de un profundo trabajo interior de superación personal. Y si bien sus raíces atraviesan siglos, nos deja mucho que aprender y admirar en nuestros días.

“Trabajar en Sumi-e supone abordar un camino de superación personal […]. No existen metas sino que cada una de las metas que nos proponemos forman parte de un solo camino […].”

 

“Desde el Sumi-e uno se acerca un poco a la naturaleza mediante su  observación y va aprendiendo a entenderla y a quererla. Va reconociendo sus ciclos y su ritmo y va aceptando que toda trasgresión […] por parte del ser humano atenta contra su propia existencia”.

 

¿Cuáles son las características de la pintura Sumi-E?

 El sumi-e  es una técnica japonesa de pintura donde se dibuja y pinta simultáneamente, y  se la puede considerar como única en la historia de las artes, siendo una de sus características distintivas  su monocromía y el trabajo con valores de grises. Su fin es reproducir la imagen a representar mediante certeras pinceladas, y precisamente en esa simultaneidad se funden dos ideas que posibilitan la representación espontánea y sincera de un momento en que el sujeto nos conmueve. Es pues más que una representación formal, un reflejo de un estado de ánimo. Por supuesto que esta interpretación solo es posible realizarla mediante el dominio de una técnica que requiere de una rigurosa preparación metódica, progresiva, y de exigente superación.

¿Quiénes fueron sus maestros?

 Siendo estudiante de la Escuela Fernando Fader y muy interesada en la pintura, comencé a concurrir al taller del maestro Demetrio Urruchúa. La fascinación no solo estaba en lo que escuchaba en cuanto a pintura, sino también por el entorno y la figura imponente del Maestro. Al egresar de la escuela comencé mis estudios en la Escuela Nacional de Cerámica, buscando  dentro de las artes plásticas el lugar donde mejor pudiera expresarme. En esa búsqueda retomo la pintura al óleo asistiendo a clases en los talleres de los maestros  Ernesto Manili y Adolfo Nigro con los que adquirí una visión muy interesante y diferente de cada uno de ellos que provocó en mí un acercamiento al abstracto.

¿Cómo fue su acercamiento, cuál fue su experiencia con el Sumi-E y con el arte, cuáles fueron sus motivaciones?

 Después de algunos años un poco cansada de mi trabajo y curiosa de probar otra experiencia, comencé a tomar clases de pintura oriental con Tomás Yamada, donde descubrí la acuarela, técnica que durante mis estudios se veía muy someramente, casi  con un tratamiento como témpera. Pero lo que más me provocó admiración eran las pinceladas dinámicas y expresivas de la tinta sumi sobre el papel arroz: Realmente quedé cautivada.

Complementaron mis estudios de arte oriental el aprendizaje con la maestra china Chiu Tai Li, en un breve tiempo pero con resultados muy enriquecedores.

¿Qué actitud implica? ¿Qué sensaciones despierta, qué moviliza interiormente?

 Trabajar en sumi-e supone abordar un camino de superación personal deponiendo todo tipo de vanidad y veleidad, aprendiendo con cada obra realizada que la misma es pasible de ser superada. Lograr entender que no existen metas sino que cada una de las metas que nos proponemos forman parte de un solo camino, nos van ampliando el horizonte y a la vez nos hacen ser humildes ante lo que falta por recorrer. Esa percepción de la pequeñez y de la fugacidad de las cosas nos hace, indubitablemente, mejores personas.

¿Podría explicarnos brevemente cuál es el significado de los Cuatro Caballeros?

 Los “cuatro caballeros” o “gentilhombres” es una denominación que aparece por primera vez en un manual de pintura china llamado “El jardín de las semillas de mostaza” que data del año 1679. Sintetiza en las figuras de cuatro plantas, cuatro posibles formas de trazos con el pincel, con el agregado de que cada una de estas plantas simboliza una virtud y una estación del año.

  1. El crisantemo representa al otoño y a la humildad.
  2. El ciruelo al invierno y a la pureza.
  3. La orquídea silvestre a la primavera y a la femineidad y la fragancia.
  4. El bambú al verano y a la integridad y masculinidad.

¿Por qué es tan importante en el Sumi-E el vacío?

 Los espacios en blanco o vacíos  son en la pintura oriental  un elemento indispensable y absolutamente  expresivo. Se pueden comparar con los silencios en un poema o en  la música convirtiéndose en parte activa del trabajo. Tienen un carácter dinámico ya que producen en la pintura una sensación de aire y desahogo.

Se  puede aplicar de varias formas, ya sea en el dibujo dejando una forma incompleta estimulando la imaginación, en las nubes, agua, nieve, bruma o en las mismas pinceladas donde el vacío aparece dentro del mismo trazo.

¿Qué mensaje cree que puede dar esta pintura en una cultura sumida en la inmediatez, en un ritmo de vida que transcurre a un ritmo vertiginoso, que se pierde en la vorágine a diario?

 No es fácil ni pertinente pretender dar un mensaje desde una posición  donde se busca ser humilde. En todo caso, se podría decir que desde el sumi-e uno se acerca un poco a la naturaleza mediante su  observación y va aprendiendo a entenderla y a quererla. Va reconociendo sus ciclos y su ritmo y va aceptando que toda trasgresión de los mismos por parte del ser humano atenta contra su propia existencia.

La contemplación, la reflexión y la elaboración interior necesarios para trabajar con este tipo de pintura nos van fortaleciendo espiritualmente y actúan como un bálsamo  ante  una realidad desbordante y avasalladora, ayudándonos a aceptarla con esperanza y optimismo.

Más info: escalantestella@hotmail.com

web: www.stellaescalante.com.ar

Tel. (++54-11) 4572-5136

*STELLA ESCALANTE es artista plástica, con una gran trayectoria docente en sumi-e, ha realizado numerosas muestras en el Centro Cultural de la Embajada de Japón, en el Jardín Japonés, y en Centros Culturales y Museos a lo largo de todo el país. Ha sido premiada por el Jardín Japonés como mejor Pintura Oriental, entre otros.

Huellas com-partidas

Casi sin darme cuenta, ha transcurrido ya un año desde mi salida al otro lado de la orilla del Río de la Plata…
Mirando hacia atrás, veo mi par de huellas errantes, solitarias, vacilantes… dicho en otras palabras, me veo a mí misma, me veo como soy.
Y a partir de ese regreso, en este año recorrido -con mis mismos siempre indeterminados y errados pasos que se lanzan a andar- contemplo con gran placer los pasos de los caminantes que han salido a mi encuentro, o a quienes he salido yo a su encuentro. O mejor, a quienes el camino de la vida y de los instantes encontrados y también desencontrados ha reunido en un mágico instante.
Este año he encontrado -y reecontrado, desde luego- caminantes muy valiosos, cuyos pasos resignifican y embellecen los míos con sus vidas, se unen a los míos, y se confunden sin dejar de distinguir la particularidad y hermosura de cada huella.
Gracias sinceras…
 
mæ – 19-01-2007
  PD. esas huellas que para ti pueden ser asimétricas, como las mías pueden serlo para mí, poseen la belleza de su singularidad y de su historia que es única. Y me llena de alegría verlas junto a las mías, ver que parten juntas a transitar este camino que puede parecernos ya conocido o recorrido, y sin embargo, se redescubre, resignifica y revaloriza gracias a las nuevas perspectivas del acompañante. Gracias otra vez…

Confesiones de éste interminable invierno

Descubrí que no ver una ventana –una salida, un escape- al comenzar cada día, me entristece profundamente. Creo que me está matando.

Hace más de un mes que no percibo más que sinsabores. Literalmente. Quizá sea explicitar el sinsabor que cotidianamente me acompaña, y aún cuando me esfuerzo y trato de imaginar los sabores, no logro nada.

Una tos seca me acompaña. Es la sequedad que habla de un vacío, de un agotarse allí nomás. Debilidad. Soledad inherente.

Mis defensas decaen, caen, decaen. Caigo.

Aunque llena de dificultades, y con varios obstáculos, sigo caminando. Sigo… caminando, cayendo, errando. Caminando.

mæ – 21-07-06

Por un instante logré sentir el aroma de un incienso. Fue un instante de gloria. Extrañaba sentir olores. Fue ese instante… espero poder rehabilitar mis sentidos pronto. Extraño sentir.

apuntes de viaje (I)

Sí, en el viaje emprendido me encontré con pasos muy diversos… entre divertidos, desesperados, extasiados, sedientos, tristes.., pero siempre distantes, ajenos, desconocidos; instantes en mi soledad siempre interrumpida e interpelada. Soledades compartidas, encontradas… desencontradas.
Finalmente, cada cual ha continuado su camino. Qué inesperados pasos habrán aguardado a cada uno tras despedirnos. Qué diferente cada paso, no salgo de mi asombro, aún cuando siempre prevea que el encuentro será todo un acontecer irreductible, inabarcable… inescrutable es el interior de cada uno. Qué mundo único se oculta en cada mirada, qué difícil acceder a él… imposible es recorrerlo en un instante, imposible aún en toda una vida.
Tras las primeras despedidas, mi marcha continuó solitaria por Valizas, este pueblito que por las noches puede hacer confundir las velas que iluminan el paso con las estrellas, donde no se sabe si se camina o se está volando, con rumbo y horizonte inciertos, aunque con pasos firmes y angustiados.
Cuando despedí a los caminantes encontrados, recordé la única diferencia entre caminar sabiendo que alguien aguarda al regresar, y entre no tener a nadie: en este último caso se camina más tranquilamente, con una agradable sensación de liviandad: sé que a nadie voy a encontrar, sé que nada espero.
Los pasos se sienten más ligeros y más nostálgicos también. En soledad, no pesan tanto los pasos, y al mismo tiempo, pesan demasiado: no hay quién ayude a alivianar la carga.
mæ – 17/01/2006, en Montevideo, Uruguay

viajante sin rumbo: mi modo de (re)comenzar

Ayer decidí salir de viaje, tras ningún rumbo fijo. Salgo hoy, me voy sola. Después de todo, no tengo demasiado que llevar. O mejor, no voy a llevar más que lo necesario, es decir, casi nada (por no decir: lo verdaderamente necesario es nada).
Quizá encuentre otros caminantes… y mis pasos ya no sean del todo solitarios. Pero no lo sé: nunca se tiene ninguna certeza de nada.
Sólo sé que habrá arena, y tendré vista al mar, desde el otro lado de mi país, cruzando el Río de la Plata. Y sé algo más, fundamental: no es un lugar donde vayan muchas personas. Es un pueblo alejado de las multitudes…
Creo que me dejaré perder, que caminaré sin tener noción del tiempo, que mis huellas se irán borrando a lo largo del imprevisible trayecto tras ningún lado. Me detendré frente al mar, mucho. Me dejaré balancear por las crestas del agua, de tanto contemplarlas.
Sólo saqué pasaje de ida. ¿Cómo saber cuándo regresar?
Así, parto sin saber bien cuándo regresaré. Acaso sea la mejor explicitación del viaje de la vida:
Marchar solitariamente, sin saber con certeza hacia dónde, desconociendo los pasos. Simplemente, sintiendo la necesidad de caminar, de salir de toda propiedad.
Sólo sé, que este es un modo de re-comenzar. Salir y emprender nuevo viaje. Y dejar las huellas del pasado atrás, para que sean corroídas por el viento, por el mar, por las aves… por el tiempo.
Y volver a empezar, una vez más, mirando hacia adelante, sin demasiado equipaje.
mæ 11/1/06