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Danza | Magy Ganiko* – Encontrar y crear la propia danza

Nota publicada en Revista Urbanikkei, La revista de la cultura japonesa en la Argentina,Año 14, Edición Nº 146, 2014.

Magy Ganiko nació en Buenos Aires y creció entre el crisol de dos culturas radicalmente diferentes: la cultura latinoamericana y la okinawense. Esta herencia cultural influencia toda su creación artística, que la llevará a seguir una formación disciplinaria que traspasa las fronteras nacionales.

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-¿Quiénes fueron tus maestros? ¿Qué aprendizajes te dejaron?

Maestros tuve muchos, en diferentes áreas; tanto en la danza como en el teatro, el cine y la música. Creo que lo que me ha dejado este largo camino de aprendizaje en el arte, es la tenacidad y la perseverancia. El hecho de seguir tus sueños como artista, de tener personalidad, de entender qué es lo que querés y sobre todo, de entenderse uno mismo. Ser curioso al máximo e investigar no solo en arte, sino también en filosofía o en ciencias. Mi formación es muy amplia y diversa pero, sin lugar a dudas, fue Kazuo Ohno el que más me ha marcado.

-¿Cómo fue tu experiencia con Kazuo Ohno?

Mágica. Él era un genio; él no enseñaba, él mostraba. Para mí fue un honor tenerlo como maestro durante tantos años, participado también en sus espectáculos y compartiendosu vida cotidiana.

Con él comprendí que uno se convierte en discípulo cuando decide ser uno mismo, cuando “abandonás” al maestro para seguir tu propio camino. Cuando dejás de vivir de la renta de tus padres y te forjas tu propio hogar.

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-¿Qué es y qué propone el Trans-Butoh? ¿En qué se diferencia con el Butoh?

Justamente el Trans-Butoh es ir más allá, como lo sugiere el prefijo “trans”. Es un más allá no solo del Butoh, sino también de cualquier estilo de arte, sea en las artes vivas o en otras ramas. El Butoh con los años se formalizó en una serie de movimientos, en un tipo de gestualidad y, poco a poco, en muchos casos solo ha quedado la cáscara.

En Japón, tuve un encuentro con un gran historiador, un filósofo y crítico de la danza Butoh, el señor Nario Goda. Él me sacudió radicalmente en relación con mi visión sobre el Butoh y me hizo comprenderlo. Ese Butoh que yo había mamado era en “formato japonés”. Él opinaba que yo tenía que ir a mis fuentes, no solo geográficas, sino también personales y, con respecto al gran tema de la creación artística, ser singular y tener el coraje de recomenzar todo desde cero.

El Trans-Butoh en un anti-método que al principio no enseña la danza Butoh sino que, principalmente, enseña a encontrar tu propia danza, tu propia manera de mirar y de ser uno mismo; no solo en la creación escénica y en el movimiento, sino también en términos conceptuales. O sea, ser el creador de tu propia danza.

-¿Cómo se vive la danza Butoh en Argentina?

No lo sé. Sinceramente prefiero sentir cómo se vive todo tipo de creación artística en el país.

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Espacio Utaki: “Un sitio dedicado a la investigación, a la experimentación y a los seminarios, en torno de una reflexión sobre el cuerpo, desde una manera multidisciplinaria”.

Desde el año 2013 funciona el Espacio Utaki ubicado en el barrio de La Boca de Buenos Aires.

Cursos:

  • ”Cuerpos en escena”, escritura coreográfica, creación y performance. Por Magy Ganiko.
  • ”Lo musical en las artes del movimiento”, herramientas para el intérprete. Por Isabelle Paez.
  • “La poesía del cuerpo en el espacio”, técnicas de improvisación para la performance. Por Blanca Rizzo.
  • ”Cuerpos sonoros”, percusión corporal, instrumental y objeto musical. Por Fernando Suarez
  • Danza Trans–Butoh: “Los cuerpos invisibles”. Por Magy Ganiko.

+Info de cursos:  http://espacioutaki.wix.com/espacio-utaki | espacio.utaki@gmail.com

*MAGYGANIKO se formó en la danza, el teatro, la música y el cine, pero sus puntos de interés se focalizan también en los trabajos de Carl G. Jung, la filosofía y la física cuántica. En 1991 viaja a Japón para estudiar con Kazuo Ohno, el gran ícono de la danza Butoh. Presenta sus creaciones como solista o con su compañía “Fury Moon Ultrabarroka Tanztheater” en Francia, Japón y Argentina, principalmente. Investiga sobre sus raíces sudamericanas, combinándolo con la estética minimalista japonesa. Su Butoh mutará hacia el término Trans-Butoh, definición que le permitirá ir más allá de las formas, ya sea del Butoh, de la danza contemporánea, de la clásica, de las folklóricas u otras, para desarrollar el punto que más le interesa: la singularidad de toda creación y de cada persona.

+Info: http://www.magy-ganiko.com/

Nota: Meli Watanabe.

Fotos: cortesía de Magy Ganiko.

Danza | Butoh, cuerpos entre la luz y las sombras | Entrevista a Quío Binetti*

Entrevista publicada en Revista Urbanikkei, La revista de la cultura japonesa en la Argentina, Año 14, Edición Nº 143, octubre-noviembre 2013.

Esta danza, que nace de la conmoción de Kazuo Ohno y Tatsumi Hijikata frente a los cuerpos arrastrados del Japón de la posguerra, desafía de la estética convencional y nos sumerge en las profundidades de un ser libre, que disuelve las dicotomías de Occidente en la unidad del ser.

Quío Binetti es bailarina y docente de danza Butoh, coreógrafa, productora y directora, investigadora en antropología teatral. Con ella nos sumergiremos en el espíritu del Butoh.

 foto: Laura Raggio

En un primer acercamiento al trabajo de Quío Binetti, nos encontramos con una noción de Butoh que concibe al cuerpo como un cuerpo sensible-danzante, atravesado por la singularidad del bailarín, que canaliza la totalidad de su ser y su sentir en un cuerpo que fluye libremente sobre el escenario. Una danza que oscila entre la luz y las sombras, allí donde es imposible definir objeto –incluso se desvanece la escisión occidental entre cuerpo y mente-. Es en esa misma confusión donde se logra la unión entre vida y muerte, entre amor y odio… los opuestos se tornan indistinguibles uno de otro.

 

¿Cómo fue tu acercamiento inicial a la danza Butoh? ¿Qué te impactó?

Mi primer acercamiento al butoh fue muy casual. Hace años encontré un libro con imágenes de Kazuo Ohno, unas fotos muy de cerca de su cuerpo ya viejito y de una belleza conmovedora. Empecé a averiguar acerca de esta danza y en ese momento aquí en Argentina solo había dos maestros dando clases.

Al principio  pensé  que iba a ser una experiencia más, pero ya en la  primer clase me di cuenta que había algo mío en ese espacio, algo vital, un lugar de encuentro y de búsqueda profunda.

Me impactó lo que encontraba en la danza, los lugares a los  que me llevaba, me sorprendía cada vez.

Con el butoh se abrió para mí una posibilidad diferente de pensar en el cuerpo, en la danza, en la belleza, en la escena, en el arte y también en la vida.

 

Al transmutar el intérprete de Butoh en diferentes grados de ser, desde seres animados (como animales) a diversos objetos inanimados, y hasta incluso elementos de la naturaleza, ¿cómo ves el vínculo con el otro y con la naturaleza, subyacente en esta danza?

El butoh, al ser una danza japonesa transmite una filosofía oriental, podría decir budista, entiende que cada ser contiene un ánima. Tanto el humano, como el  gato, como la piedra nos encontramos en esta igualdad primordial.

Todo  es parte de lo mismo, todos tenemos un ánima.

Desde este entendimiento es fácil acercarse y vincularse desde un lugar de profundo amor hacia la naturaleza.

Y naturaleza no son solamente los animales y el  bosque, naturaleza son también los edificios, los otros, el subte, lo urbano que aquí en Buenos Aires nos rodea (digo esto para no entender desde un lugar bucólico o ideal este encuentro entre bailarín y la naturaleza).

 

Notamos que el Butoh implica escucha, apertura, permeabilidad respecto de lo que acontece afuera, en tu opinión ¿cuál es el espíritu subyacente en esta danza?

Me gusta mucho la palabra poroso para definir el cuerpo del butoh, un cuerpo que contiene una interioridad vinculada permanentemente con el exterior y viceversa.

Este cuerpo abierto se nutre continuamente del exterior, y escucha profundamente su interior.

En este vínculo de ida y vuelta la información se  sintetiza en una sensible danza.

 

En sus orígenes esta danza surgió como reacción frente a los cuerpos destruidos y deformes de los sobrevivientes del Japón de posguerra, en tus performances ¿qué estereotipos buscás romper?

Es verdad que el butoh nace en un momento de gran crisis en Japón, algo que nosotros occidentales no podemos entender del todo, pero cada uno de nosotros se encuentra con sus luchas y sus procesos.

Para mí una de las características más importantes del butoh es este espíritu de revuelta, que revoluciona; este espíritu debe mantenerse aunque uno se enfrente a cosas más “sencillas” que un estado de posguerra.

Revelarnos contra lo establecido, buscar esa frontera, ese límite y situar la danza en ese espacio.

No conformarse, ir por más, poner en riesgo la identidad propia, avanzar hacia algo desconocido, preguntarse y volverse  a preguntar, estar incómodos, incomodar con nuestra danza para despertar, para ver más o al menos para intentarlo.

 

Al observar bailarines de danza Butoh nos solemos encontrar con cuerpos deformes, grotescos, desalineados. ¿Qué proceso interno, qué actitud implica encontrar la belleza presente allí?

 

Una de las características del butoh es esta concepción más amplia acerca del concepto “belleza” ampliando los límites de la idea occidental y preconcebida de lo que es bello.

Hay una expresión japonesa que es wabi sabi que refiere a la belleza de los signos del paso del tiempo en las cosas, esto en occidente sería imposible de pensar.

Aceptar y valorar el paso del tiempo, las imperfecciones que nos hacen humanos, que nos hacen vitales, que nos diferencian y hacen único nuestro cuerpo y nuestra danza  es una de las propuestas más valorables de la danza butoh y su filosofía.

 

¿Cómo describirías la obra que estás produciendo: Los Incorporales? ¿Hay una búsqueda experiencial de devenir en cuerpos incorpóreos?

Me interesa muchísimo pensar acerca del cuerpo, no como Cuerpo-bailarín sino directamente ¿qué es un cuerpo? Claro que es una pregunta que comparto y no es nada original, pero me interesa mucho proponer con la obra una forma de hipótesis o de pregunta hecha obra, donde no vamos por la respuesta sino por dejarnos atravesar por esa pregunta.

Con Los incorporales buscamos por un lado desplazar el interés de la obra de los cuerpos-bailarines.

Al ser una obra de “danza”, lo que se espera es que el cuerpo que baila es el soporte total de la obra, y nuestro interés es que ese soporte sea el cruce de los lenguajes escénicos (danza-música-luz), lenguajes -si se quiere- “incorporales”, inasibles.

En ese punto sutil donde un lenguaje es conmovido por el otro se encuentra la búsqueda de la obra y su potencia escénica.

Y seguimos preguntándonos cada vez: ¿qué hay si no hay solo cuerpos en la escena? ¿Qué otros cuerpos hay en la obra que no son de carne y hueso? ¿Cómo se constituye un cuerpo y como se desdibuja? ¿Qué sucede con los espectadores de la obra? ¿Cómo accionan  sus cuerpos sobe la escena?….

 

Sobre Los IncorporalesAventura óptica.

Un cuerpo abierto, extenso que se deja Ser por el contacto con los discursos.

En este espacio entre el  cuerpo-discurso es donde tienen lugar  los incorporales. Cuerpo no como identidad ni como sentido. Un cuerpo que es “tocado” y  por  ser tocado. Es, existe. El acontecimiento-obra se sitúa en el momento donde cada cuerpo extenso es acariciado por los discursos.

En  ese encuentro, choque o caricia, es donde se sitúan los incorporales.

+info: http://www.losincorporales.com.ar

 

 

*QUÍO BINETTI es Coreógrafa, docente y bailarina de danza Butoh desde 1999. Sus maestros fueron Rhea Volij, Ofelia Ledesma, Ko Morobushi, Tadashi Endo, Maura Baoicchi, Katsura Khan y Minako Seki, entre otros. Se ha formado en antropología teatral. Actualmente produce la obra Los incorporales. Continúa investigando como bailarina y directora acerca del Butoh y la improvisación escénica en presencia y entrecruce con otros lenguajes: teatro, música, literatura, video y plástica. Es docente de Butoh en el C. C. Pata de ganso, C. C. Borges y Orion Centro.

+info: fquio@yahoo.com

web: www.quiobinetti.blogspot.com

 

Fotografías: Laura Raggio

Danza | ¿Butoh Mix? Las coreografías de nuestra alma encarnada | Entrevista a Patricia Aschieri*

Entrevista publicada en Revista Urbanikkei, La revista de la cultura japonesa en la Argentina, Año 14, Edición Nº 141, junio-julio 2013.

El Butoh es una danza de vanguardia japonesa que llega a la Argentina por primera vez en el año 1986 de la mano de Kazuo Ohno. Desde entonces, su expansión ha sido continua. En nuestro país, actualmente,  se dictan cursos de Butoh en centros culturales e instituciones universitarias, y existen diversos grupos de experimentación en danza Butoh.

Patricia Aschieri es performer de Butoh, antropóloga, actriz, docente e investigadora especializada en las reelaboraciones de esta danza en Argentina.

 

“[Butoh] es un encuentro con la felicidad y el dolor del vivir como dice Kazuo Ohno”

 

“Otorgo […] una gran relevancia a los procesos socio-culturales

que atraviesan la constitución de nuestras corporalidades

así como las trayectorias corporales de los performers”.

 Foto: Salvador Batalla

¿En qué momento la danza butoh comienza a trascender los límites de Japón?

Hacia  finales de la década del ‘70 y sobre todo a partir de los ‘80, la danza butoh trasciende las fronteras de Japón para comenzar a instalarse en distintos puntos de Europa y América como una nueva forma de danza. Se trata de una etapa de diversificación y experimentación en un contexto en el que, como producto de los procesos de globalización comenzaron a intensificarse la circulación de bienes culturales y la des-territorialización de prácticas y su re-territorialización geográfica en marcos culturales distintos a los de su origen.

 

¿Cómo llega el Butoh a la Argentina?

Llega a la Argentina en 1986 de la mano de Kazuo Ohno, quien presentó sus espectáculos “La Argentina” y “Mar Muerto” con dirección de Tatsumi Hijikata (quien había fallecido ese mismo año) en el Teatro General San Martín de la Ciudad de Buenos Aires. También “el maestro” dio una charla en el Teatro Cervantes. Cabe destacar, el particular momento de nuestro país que aún se encontraba convulsionado y conmovido a muy poco tiempo de recuperar la democracia. Si bien en años anteriores ya habían comenzado los intercambios interculturales en las artes escénicas argentinas, estos procesos se habían interrumpido dramáticamente a partir de las sucesivas dictaduras militares. En el año 1983 eso cambió y hubo una explosión de nuevas poéticas. Los artistas salieron a la calle, ocuparon el espacio público, abrieron nuevos escenarios para actuar, para bailar combinando, mixturando y explorando con nuevos lenguajes. La danza butoh conquistó a los espectadores argentinos y también a algunos artistas que viajaron para formarse y traerlo luego a nuestro país. A partir del 1995 y con un ritmo que se aceleró en los últimos 10 años, la danza butoh ha ido creciendo y fue consolidando un espacio propio de producción en Argentina.

 

¿Podrías explicarnos la distinción que haces dentro de la danza butoh?

Sí. Teniendo en cuenta la relación entre las tradiciones culturales y la localización/relocalización geográfica, planteo que actualmente pueden encontrarse 3 tipos de Butoh. En primer lugar, aquel que denomino Butoh originario y que se desarrolló, fue bailado y coreografiado por sus fundadores Tatsumi Hijikata y Kazuo Ohno. En segundo lugar, el Post Butoh practicado por sus discípulos con background cultural y corporal de raíz japonesa (sea dentro o fuera del Japón). Y por último, el Butoh Mix, que es aquel que desarrollan personas con otros backgrounds corporales y culturales.

Me interesa destacar al respecto que la corporeidad presente en todas las artes japonesas, es muy distinta a la que plantean las técnicas occidentales. Algunos filósofos e investigadores como Yuasa Yasuo, por ejemplo, enmarcan las prácticas artísticas dentro de lo que denominan “métodos de auto-cultivación”, cuyo fin sería alcanzar la unicidad entre mente y cuerpo que culmina en el Budismo, con el satori y en el Taoísmo, con el Tao. Desde mi punto de vista esta característica pone al cuerpo en un lugar central en la experiencia de traducción cultural y es por ello que otorgo en mis análisis, una gran relevancia a los procesos socio-culturales que atraviesan la constitución de nuestras corporalidades así como las trayectorias corporales de los performers.

 

¿Desde tu perspectiva ¿cuáles son los rasgos particulares que desarrolló el Butoh Mix Argentino?

Si bien el Butoh tiene en su denominación la palabra “danza” evade definiciones rígidas y suele ser caracterizada como un “teatro bailado” o “una danza muy teatral” o “un paso intermedio entre la danza y el teatro”. Tal vez esto tiene que ver con que a diferencia de las artes escénicas tradicionales japonesas, que no reconocían la distinción entre danza y teatro hasta la segunda guerra mundial,  en “occidente” danza y teatro tuvieron desarrollos separados. Bueno, el Butoh Mix Argentino presenta, justamente, una variedad de propuestas en las que se evidencia una asimilación diferencial por parte de los performers de acuerdo a su trayectoria corporal y a quienes hayan sido sus “maestros”. Los pioneros de la danza butoh local poseen esta formación disímil. Esto propone tendencias: algunos son muy expresivos, otros muy abstractos, otros demasiado íntimos y personales. Pero esto no es sólo producto de si vienen de uno u otro campo, sino que también se suma el hecho de considerar los momentos históricos en los que los bailarines fueron socializados. Pensemos en este sentido que las traducciones de la danza butoh se dan precisamente, en el momento histórico en que se da un pasaje de la modernidad a la posmodernidad y en nuestro caso histórico particular, se añade el pasaje desde una dictadura feroz al pleno neoliberalismo menemista y, actualmente,  transitamos una agitada lucha por los sentidos otorgados a la democracia. Esto supone cambios en los valores y en las ideas que, de acuerdo a la edad de los performers inciden, por ejemplo, otorgándole distintos sentidos específicos a la práctica grupal o individual entre otras cosas.

 

¿Cómo ves los efectos de la globalización -tendientes a homogeneizarlo todo- frente a las singularidades locales que desarrolla la disciplina?

La danza butoh tiende a ser experimentada como una danza de todos, una “danza planetaria” llegan a decir algunos performers. Pero creo yo, tenemos que recorrer un largo camino en la profundización de un Butoh que movilice, que conmueva, que explore en nuestras raíces propias y particulares. Se trata de un terreno bastante contradictorio. En la variedad de respuestas se ponen en juego no sólo la creatividad de las culturas locales y la de los performers en particular, sino que también se experimenta una tensión entre lo global y lo local, entre la asimilación de lo viene de un “otro”  y la reformulación en términos propios. Hubo algunas experiencias estéticas en este sentido. Por ejemplo Gustavo Collini realizó en 1995 la puesta Tango Butoh. Con textos de Horacio Ferrer y el acompañamiento del bandoneonista Daniel Binelli. Su programa de mano, presentaba el espectáculo con la frase “se reúnen los fantasmas que emergen desde lo más profundo del teatro Noh, que montados en el lomo indomable de un bandoneón, protestan bailando en una historia de pasión”. Otro ejemplo puede verse en la puesta de Talek en el año 2003 realizada por el grupo La Brizna, bajo dirección de Rhea Volij en la que se partía “del mito wichi sobre el origen del hombre y de las lenguas”. No obstante, hay que aclarar que este tipo de indagaciones que buscaban incluir aspectos de la cultura local, se debilitaron bastante y las propuestas actualmente guardan relación con poéticas más subjetivas y personales.

 

¿Encontrás alguna tensión en la recepción o enseñanza del Butoh, de raíz oriental, desde la perspectiva occidental?

Sí, claro, hay tensiones que crean brechas que deberíamos aprovechar. Creo que aún no somos concientes de eso, que no hemos reflexionado todavía sobre estas cuestiones. A ver, la danza butoh no es una danza formalizada, es una danza que se basa en la improvisación. Su forma de transmisión se realiza a partir de “códigos somáticos” que serían las palabras y las acciones que acompañan a los ejercicios, cuyo significado se va comprendiendo a partir de la practica reiterada, de la experiencia en el hacer. Y algo que no es un dato menor, de la dirección de un guía. Esta situación, convierte el proceso de la transmisión de la técnica en un factor clave. En nuestro caso, la posición geográfica y económica hace que sea más difícil para “los maestros” llegar a la Argentina. Cuando vienen, sólo pueden dar workshops cortos en los que aparecen un montón de palabras japonesas como ma, kata,  yugen, mono aware, etc., pero su significado, la mayor parte de las veces, queda vedado producto de las barreras del idioma. Sin embargo, otras palabras nos son más familiares  por ser vocablos de uso frecuente en el campo y la danza occidental como “energía”, “presencia”, “centro”, “espontaneidad” e “improvisación”, pero cuyo sentido específico deberíamos comprender  desde el contexto cultural japonés. Este es un riesgo, pues nuestra tendencia es interpretar desde lo que conocemos y el fundamento de las técnicas de autocultivación japonesa, como sostiene Yuasa Yasuo, privilegian “entrar en la mente desde el cuerpo o desde la forma” (imitación) o en otras palabras, “entrenar la mente a partir del entrenamiento del cuerpo”. Esta característica presenta una dinámica  bien  diferente a la que promueven la mayor parte de las prácticas occidentales de danza y teatro. Esto puede ser un problema, pero también puede no serlo. Las  confusiones y ambigüedades que acarrea la traducción pueden de todos modos resultar la fisura, la brecha que, desde un fuerte compromiso en la exploración de la técnica, daría lugar no sólo a múltiples interpretaciones sino como ya ha sucedido, a muy creativas respuestas estéticas.

 

Entonces ¿es posible hacer Butoh hoy?

Sí, sí es posible, ¡claro! Butoh es una expresión dancístico-teatral que explora la relación Cuerpo-Naturaleza-Cultura. Es un encuentro con la felicidad y el dolor del vivir como dice Kazuo Ohno. Es a partir de la profundización en la técnica, del compromiso con nuestra cultura, es decir, con la experiencia fenomenológica de nuestro-ser-en-el mundo que podemos hacer Butoh ¿un Butoh mix? Sí, puede ser. Pero son las singulares coreografías de nuestra alma encarnada.

 

*PATRICIA ASCHIERI es antropóloga, actriz e intérprete de danza Butoh. Es docente e investigadora en la Carrera de Artes Combinadas, Integra el Equipo de Antropología del Cuerpo y la Performance del Inst. Cs. Antropológicas (UBA); es docente e investigadora en la Lic. en Psicomotricidad (UNTReF), y en la Cátedra Etnocoreología (Conservatorio Manuel de Falla, GCBA). Se especializa en las perspectivas interculturales sobre danza y teatro de tradición oriental. Obtuvo las becas de la Universidad de Buenos Aires para realizar su doctorado  con una investigación acerca de las reapropiaciones de la Danza Butoh en Argentina y del Fondo Nacional de las Artes. Dictó seminarios de Danza Butoh en el C. C. de la Embajada de Japón, Universidad de Tandil, C. C. Konex, ADENO, EMAD (GCBA) e Instituto de la Máscara entre otros. Creó los grupos de investigación teatral “Teatrolapeste” y actualmente dirige el Grupo de Experimentación Oroborus Teatro Butoh.

 

+info: www.butohpoesiacorporal.blogspot.com

e-mail: paschi09@gmail.com

 

Hanami: los cerezos en flor y la fugacidad de la vida

Publicado en: Urbanikkei. La revista de la cultura japonesa en la Argentina, Año 12, 2011, Número 127. R. N. P. I. en trámite, Buenos Aires.

El cine se caracteriza por ofrecer una mirada diferente, poética, donde films en ocasiones nos estremecen el alma. En esta nota se busca rescatar la belleza en lo efímero de la vida, fugacidad también presente en las diferencias entre padres e hijos, los encuentros y desencuentros familiares.

Se ofrece aquí una nueva mirada sobre las películas: Tōkyō Monogatari(東京物語)” (1953) de Yasujiro Ozu y “Kirschblüten – Hanami (traducida como Cerezos en flor)” (2008) de Doris Dörrie. Ellas nos ofrecen a la vez, la admiración por lo transitorio y la aceptación de nuevos comienzos.

 

“Nunca es tarde para cumplir un sueño

y empezar a vivir”

Hanami es una festividad que se celebra en Japón, al terminar el invierno y comenzar la primavera. Se celebra y contempla la flor del Sakura, símbolo del país. El rasgo más sobresaliente de la flor del cerezo es que tiene una vida muy fugaz, de tan solo unos pocos días. Sin embargo, su floración, consistente en miles de pequeñas flores de color rosáceo y blanco, invaden y embellecen todo alrededor. Esas pequeñas flores portan una doble delicadeza: su corta duración y su finura.

De ahí que Hanami se asocia a dos significados: por un lado, el final de los tiempos difíciles del invierno y el florecer de una nueva vida con la primavera; y por otro, la fugacidad de la vida, el contemplar su belleza mientras dura… puesto que pronto desaparecerá de nuestra mirada, como el cerezo en flor.

En este contexto es que cobra especial significado la película “Cerezos en flor”, una versión libre de “Tōkyō Monogatari”. Nos sumerge en la soledad de los padres cuando ya no quedan hijos en el hogar. En ambas películas los padres viajan y visitan a sus hijos en sus casas. Allí veremos las diferentes percepciones del tiempo que tienen los padres y los hijos… las diferencias generacionales saldrán a luz tanto en sus hijos como en sus nietos: las nuevas generaciones “no tienen tiempo” para atender a sus padres. La historia de los padres, visitando a sus hijos, nos muestra cómo los padres y los hijos se redescubren, reconociendo que ya no se conocen, ya ninguno es lo que era.

En “Cerezos en flor”, la rutina es lo que llena el vacío hogareño del esposo, Rudi. Su mujer, Trudi, es una apasionada de la danza Butoh. En esta danza se redescubre, con esta danza ella puede ser libre, danzar con su sombra: su otra desconocida para sí misma. Como lo dirá Yu –un personaje entrañable, una niña huérfana que a través de la danza Butoh, dialoga  con su madre muerta-: el Butoh le permitirá danzar con las sombras, los muertos y los vivos, le permitirá sentir el viento y sentir su sonido, como si fuera el susurro de las sombras… Es una danza que en el film ‘casualmente’ trascurre en un parque colmado de florecillas de Sakura, la flor que nos recuerda la fugacidad de la vida.

Trudi, por amor a su esposo -quien se avergüenza por la danza de su mujer-, renuncia a su pasión: el Butoh, y sin saberlo, renuncia a su vida, aceptando vivir en el encierro hogareño…El poema que ella escribe a “la mosca”, a su “efímera existencia de un día”, da a entender que ella vive la vida consciente que es apenas un instante…

Abismo intergeneracional

El abismo entre las generaciones es un tema latente en ambas películas. En  “Cerezos en flor” al llegar los abuelos a la casa de una de sus hijas, vemos a los niños ensimismados, con un videojuego portátil cada uno. En el primer encuentro después de largos años de no verse abuelos, padres e hijos, notamos que los personajes no tienen tema de conversación. Hay un vacío entre sus vidas. Cada uno en su interior sabe que ni sus hijos son sus hijos, ni sus padres son lo que eran. El tiempo ha acontecido en cada uno, cambiándolos, haciéndose desconocidos unos a otros. Son los nuevos tiempos “modernos” los que alejan a los hijos de sus padres. Es la actitud de andar por la vida corriendola, como si fuera una alocada carrera, la que aleja a los hijos de sus padres. Hay una crisis de valores en los hijos, que los distancia abismalmente de sus padres. Y el cerezo en flor nos hace pensar ¿correr tanto para qué?. De allí que hay que aprender de la actitud de los padres, que se detienen a contemplar en cada hijo y en cada ser que lo rodea, a una flor que se desvanecerá.

En “Tōkyō Monogatari”, cuando la abuela pide dar un paseo con el más pequeño, tras andar un rato, le pregunta: “¿qué quieres ser cuando seas grande?” Y sin que el niño responda, ella agrega pensativa: “¿dónde estaré yo cuando tú seas grande…?”.

Hanami: La fugacidad de la vida… y la muerte.

Un aspecto que en ambos films aparece también, es el comentario de los hijos ante la muerte de uno de sus padres: “Qué rápido pasa la vida…”. Si recordamos que en ambas películas, todos los hijos sin excepción se quejaron de la abrupta visita de sus padres, dado que todos “estaban muy ocupados y sin tiempo para estar con ellos”; tras la muerte y como arrepentidos del poco tiempo dedicado a sus padres en su visita, el otro comentario ha sido: “Si hubiéramos sabido que moriría… le hubiéramos dedicado más tiempo”. Cada uno de sus hijos ha estado, en distintos grados, sumido en su propio egoísmo. Ninguno de ellos ha dejado su rutina, su trabajo, su “comodidad”, para escuchar  y dar lugar en sus vidas a sus padres.

Paradójicamente,  ha sido un extraño a la familia quien los ha acogido de buen  gusto. En “Tōkyō Monogatari” ha sido la nuera quien se ofrece para llevar a pasear a los padres de su difunto esposo, pidiendo el día en el trabajo, y no sólo eso: sabiendo que le descontarán el día en su sueldo. Ella los lleva y los recibe en su casa con placer, disfrutando de su compañía. Y será el mejor recuerdo, la mejor compañía y la mejor estadía que reconozcan sus padres.

En “Cerezos en Flor”, también es la nuera quien los llevará a pasear y recorrer la ciudad, puesto que las ocupaciones de uno de sus hijos, aun tras prometerlo, lo excusarán. Y, extrañamente, la propia hija recibe a sus padres con bastante hostilidad, decidiendo éstos partir aún en tierras y lugares desconocidos.

Los hijos no tuvieron la capacidad de hacer una pausa, de salir de su cotidianidad, para recibir y contemplar en sus padres, la flor del Sakura.

Por si fuera poco, en ambos films aparece un hijo que vive más lejos. Estos hijos, cuyo grado de egoísmo en sus propias ocupaciones, en su propia vida, en ningún caso se encontrarán con sus padres mientras viven, y sólo podrán llegar al velatorio. Ellos se quebrarán en llantos, reconociendo que ya es demasiado tarde. No supieron valorar a sus padres mientras vivían. No supieron ver en sus padres, y en sus propias vidas, la flor del cerezo, que sólo embellece nuestros días por este mundo fugazmente.

Estos films nos recuerdan una vez más que hay que saber escuchar a los padres, saber apreciar su efímera existencia, aprender de la flor del Sakura a valorar cada vida como única e irrepetible, contemplando su belleza y su sabiduría mientras duran. Y nos recuerdan, como decía el tráiler del film “Cerezos en flor”: “Nunca es tarde para cumplir un sueño y empezar a vivir” con esta nueva actitud ante la vida.

Más información – Fichas técnicas

CEREZOS EN FLOR
(Kirschblüten – Hanami)

Dirección y guión: Doris Dörrie.
Países:
Alemania y Francia.
Año: 2008.
Duración: 127 min.
Género: Drama.
Actores: Elmar Wepper (Rudi), Hannelore Elsner (Trudi), Aya Irizuki (Yu), Nadja Uhl (Franzi), Maximilian Brückner (Karl), Birgit Minichmayr (Karolin), Floriane Daniel (Emma), Felix Eitner (Klaus).
Producción: Molly Von Fürstenberg y Harald Kügler.
Música: Claus Bantzer.
Fotografía:
Hanno Lentz.
Montaje: Inez Regnier y Frank Müller.
Diseño de producción: Bele Schneider.
Vestuario:Sabine Greunig.

Tōkyō Monogatari (東京物語)

País(es): Japón

Año: 1953

Género: Drama

Duración: 136 minutos

Idioma(s): japonés

 

Dirección: Yasujirō Ozu

Producción: Takeshi Yamamoto

Guion: Yasujirō Ozu – Kōgo Noda

Música: Kojun Saitō

Fotografía: Yuharu Atsuta

Actores: Chishu Ryu

Chieko Higashiyama

Setsuko Hara

Haruko Sugimura