Danza | Celia Argüello Rena: “Las fuentes de inspiración son muy diversas, cambian, mutan”

Charlamos con la prolífica Celia Argüello Rena, directora, creadora e intérprete de numerosas obras, entre las cuales se encuentran: Azúcar (dir.), Villa Argüello (dir.), De cómo estar con otros (dir. e int.), Sociedad (co-creac. con Pablo Lugones), Diógenes al Sol (co-direcc. con Pablo Gómez).

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Publicada en Revista Labra de Procesos Creativos en danza (http://revistalabra.com.ar/entrevista-celia-arguello-rena/

-¿Cuál es el motor del proceso creativo cuando concebís una obra? ¿Qué cosas te movilizan?

¿Qué me moviliza a hacer? No sé… a veces pienso que es como algo mágico, como si se me presentara alguna idea o la necesidad de hacer algo. Sí proviene de distintas fuentes, como pueden ser: imágenes, un tema específico, un interés, una conversación, ganas de trabajar con ciertas personas que quiero, que me entusiasman y me incentivan…

Y después llevarlo a cabo es lo que te mantiene en lucha contra otras adversidades, porque llevar a cabo un proyecto es mucha energía también, hay que ponerle mucha garra.

Las distintas obras que hice surgieron de muy diversos lados. Al principio me preocupaba no tener ideas y admiraba a quienes las tenían. Hasta que en un momento me dieron ganas de probar y fue más un juego, un ensayo… también un ensayo de cómo coordinar un grupo, de cómo bajar una idea a palabras que otro pueda entender.

-¿Cuáles son tus disparadores?

Las fuentes de inspiración y de ideas son muy diversas, cambian, mutan… Pero está buenísimo tener la posibilidad de ser creativo de ese modo y que sufra toda esa transformación. Porque uno puede tener mil quinientas ideas, para después bajarlas, llevarlas a cabo y producirlas… En mi caso, yo no soy muy precisa a la hora de tener las ideas, todo lo contrario, mis ideas son como borlas y van mutando.

-¿Podrías contarnos cómo surgieron algunas de tus obras?

Por ejemplo en Villa Argüello el tema era más específico, era con cuartetos, entonces ahí se acotaba un poco el rango. Igual, también fue de ese modo: les cuento la idea a los intérpretes –Andrés Molina, Diego Rosental, Jimena Pérez Salerno, Josefina Gorostiza, Ollantay Rojas, Pablo Castronovo y Teli Ortiz- y empezamos a probar con cosas. Por eso la obra termina siendo de todos los que participan. Y es como un feedback que se va retroalimentando con lo que los intérpretes hacen, que a mí me sirve para pensar otras cosas y proponérselas, que ellos a su vez me hacen devoluciones. Y es un ir y volver continuamente.

Después con De cómo estar con otros la idea era un poco más abstracta, más vaga y muy general. Ahí de a poco la fuimos acotando hasta llegar a lo que es, con Andrés Molina, Pablo Castronovo y Romina Padoan –que es la asistente que se sumó después y fue fundamental en el proceso-.

-En el acto de creación ¿dejás que fluyan las cosas?

Por ahora nunca trabajé a partir de un texto, un poema o una idea como una fórmula, hay gente que lo hace y está muy bien eso, a mí no me pasó todavía –quizás algún día sí-.

En Villa Argüello – mi tesis, que me llevó varios años- tuve que hacer un trabajo de investigación más textual, pero en un momento lo abandoné y me quedé con el hacer, el resolver con los demás, que es lo que más me llama. Me gusta más la cocina de las cosas, me siento más cómoda allí. Igual siento una gran curiosidad por saber cómo hacen los demás, pensar cómo resuelven los demás, eso me seduce.

-¿Los demás son los intérpretes?

Sí, los intérpretes y el equipo técnico, la gente con quien trabajo. Me gustan las personas.

-¿Cómo seleccionás a ‘esas’ personas que te rodean?

Para Villa Argüello llamé a la gente puntualmente, en general siempre trabajo con gente que conocí. Salvo cuando hice la residencia de la beca que me gané para el American Dance Festival (2014), ahí tuve que trabajar con gente que elegí por una audición. Y estuvo bueno también, yo me adapto.

Creo en el cruce de energías y que eso dispara a que se creen otras cosas. Por eso mis amigos son la gente con la que laburo. Al cambiar los trabajos, cambian los amigos.

-¿Qué te lleva a decidir si estar o no bailando en el escenario?

Azúcar (2012-2013) fue mi primer trabajo de dirección por fuera, los dos actores que me convocaron y estuvimos un año y medio o dos ensayando, ahora son mis amigos.

Villa Argüello (2012-2015) fue el segundo trabajo que dirigí y me comió un par de años de mi vida porque fue mi tesis, ya tenía ganas de bailar.

Y los otros trabajos que hice son más de improvisaciones, son obras más pequeñas que Azúcar y Villa Argüello. Igual me encanta y disfruto las dos cosas: dirigir y bailar.

Y ahora con De cómo estar con otros (2015) la pensé conmigo no sé por qué, quizás por el tipo de movimientos, me dieron ganas de estar, se dio así. También porque cuando empezamos a probar cosas no sabíamos si iba a ser una obra o qué, en algún momento hasta pensamos si éramos dos o uno, o si dirigía Pablo Castronovo. Se armó de ese modo.

Y a la vez me llamó Pablo Lugones y armamos medio entre los dos, si bien la idea y quien me convoca es Pablo, también empezamos a probar Sociedad (2015). Ambos se fueron dando a la par. Y lo que quedó es el resultado de ese proceso.

-¿Hay intencionalidad en tus búsquedas creativas?

Yo trato de ser consciente de eso. Hay una intencionalidad que circula con el cuerpo o con la actuación. Aunque comiences con una idea muy vaga, después se va acotando el mensaje y la obra ya empieza a hablar de lo que quiere hablar. Y la obra empieza a ir hacia una dirección, es como un río cuyo caudal se empieza a achicar. Sin embargo, la lectura que haga el otro es incontrolable. Y eso es lo bueno.

En Villa Argüello soy consciente de cómo se construyó y de a qué se llega. En De cómo estar con otros soy consciente que no se va a producir la misma lectura. Hay que pensar en esas cosas, yo me ocupo de pensar en eso. Para De cómo estar con otros quise condensar en un texto todo eso que venimos ensayando hace varios años con un montón de ideas y disparadores que se dieron por fuera de la obra, con las cosas que finalmente quedaron en la obra, todo un imaginario, toda una transformación desde lo que empezamos a ensayar hasta lo que quedó, cuestiones específicas del cuerpo y de la interpretación, y cuestiones generales del mundo del arte que se hablaron… y ¿cómo acoto todo eso a un párrafo no tanto explicativo, sino para compartir todo lo que había pasado? Bueno no sé cómo quedó, me encuentro con mis limitaciones también a la hora de escribir.

-Le pedimos a Celia que comparta una frase significativa:

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Y el animal humano “que vive” es el que presiente el espacio. El espacio donde obra lo infinito. Y la experiencia de este poder desmesurado e inagotable necesita de otro cuerpo.
El arte y la muerte. Otros escritos, Artaud, Ed. Caja Negra

Foto del libro: Meli Watanabe
Foto de la imagen de la obra: Pilar Boyle

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