Danza | ¿Butoh Mix? Las coreografías de nuestra alma encarnada | Entrevista a Patricia Aschieri*

Entrevista publicada en Revista Urbanikkei, La revista de la cultura japonesa en la Argentina, Año 14, Edición Nº 141, junio-julio 2013.

El Butoh es una danza de vanguardia japonesa que llega a la Argentina por primera vez en el año 1986 de la mano de Kazuo Ohno. Desde entonces, su expansión ha sido continua. En nuestro país, actualmente,  se dictan cursos de Butoh en centros culturales e instituciones universitarias, y existen diversos grupos de experimentación en danza Butoh.

Patricia Aschieri es performer de Butoh, antropóloga, actriz, docente e investigadora especializada en las reelaboraciones de esta danza en Argentina.

 

“[Butoh] es un encuentro con la felicidad y el dolor del vivir como dice Kazuo Ohno”

 

“Otorgo […] una gran relevancia a los procesos socio-culturales

que atraviesan la constitución de nuestras corporalidades

así como las trayectorias corporales de los performers”.

 Foto: Salvador Batalla

¿En qué momento la danza butoh comienza a trascender los límites de Japón?

Hacia  finales de la década del ‘70 y sobre todo a partir de los ‘80, la danza butoh trasciende las fronteras de Japón para comenzar a instalarse en distintos puntos de Europa y América como una nueva forma de danza. Se trata de una etapa de diversificación y experimentación en un contexto en el que, como producto de los procesos de globalización comenzaron a intensificarse la circulación de bienes culturales y la des-territorialización de prácticas y su re-territorialización geográfica en marcos culturales distintos a los de su origen.

 

¿Cómo llega el Butoh a la Argentina?

Llega a la Argentina en 1986 de la mano de Kazuo Ohno, quien presentó sus espectáculos “La Argentina” y “Mar Muerto” con dirección de Tatsumi Hijikata (quien había fallecido ese mismo año) en el Teatro General San Martín de la Ciudad de Buenos Aires. También “el maestro” dio una charla en el Teatro Cervantes. Cabe destacar, el particular momento de nuestro país que aún se encontraba convulsionado y conmovido a muy poco tiempo de recuperar la democracia. Si bien en años anteriores ya habían comenzado los intercambios interculturales en las artes escénicas argentinas, estos procesos se habían interrumpido dramáticamente a partir de las sucesivas dictaduras militares. En el año 1983 eso cambió y hubo una explosión de nuevas poéticas. Los artistas salieron a la calle, ocuparon el espacio público, abrieron nuevos escenarios para actuar, para bailar combinando, mixturando y explorando con nuevos lenguajes. La danza butoh conquistó a los espectadores argentinos y también a algunos artistas que viajaron para formarse y traerlo luego a nuestro país. A partir del 1995 y con un ritmo que se aceleró en los últimos 10 años, la danza butoh ha ido creciendo y fue consolidando un espacio propio de producción en Argentina.

 

¿Podrías explicarnos la distinción que haces dentro de la danza butoh?

Sí. Teniendo en cuenta la relación entre las tradiciones culturales y la localización/relocalización geográfica, planteo que actualmente pueden encontrarse 3 tipos de Butoh. En primer lugar, aquel que denomino Butoh originario y que se desarrolló, fue bailado y coreografiado por sus fundadores Tatsumi Hijikata y Kazuo Ohno. En segundo lugar, el Post Butoh practicado por sus discípulos con background cultural y corporal de raíz japonesa (sea dentro o fuera del Japón). Y por último, el Butoh Mix, que es aquel que desarrollan personas con otros backgrounds corporales y culturales.

Me interesa destacar al respecto que la corporeidad presente en todas las artes japonesas, es muy distinta a la que plantean las técnicas occidentales. Algunos filósofos e investigadores como Yuasa Yasuo, por ejemplo, enmarcan las prácticas artísticas dentro de lo que denominan “métodos de auto-cultivación”, cuyo fin sería alcanzar la unicidad entre mente y cuerpo que culmina en el Budismo, con el satori y en el Taoísmo, con el Tao. Desde mi punto de vista esta característica pone al cuerpo en un lugar central en la experiencia de traducción cultural y es por ello que otorgo en mis análisis, una gran relevancia a los procesos socio-culturales que atraviesan la constitución de nuestras corporalidades así como las trayectorias corporales de los performers.

 

¿Desde tu perspectiva ¿cuáles son los rasgos particulares que desarrolló el Butoh Mix Argentino?

Si bien el Butoh tiene en su denominación la palabra “danza” evade definiciones rígidas y suele ser caracterizada como un “teatro bailado” o “una danza muy teatral” o “un paso intermedio entre la danza y el teatro”. Tal vez esto tiene que ver con que a diferencia de las artes escénicas tradicionales japonesas, que no reconocían la distinción entre danza y teatro hasta la segunda guerra mundial,  en “occidente” danza y teatro tuvieron desarrollos separados. Bueno, el Butoh Mix Argentino presenta, justamente, una variedad de propuestas en las que se evidencia una asimilación diferencial por parte de los performers de acuerdo a su trayectoria corporal y a quienes hayan sido sus “maestros”. Los pioneros de la danza butoh local poseen esta formación disímil. Esto propone tendencias: algunos son muy expresivos, otros muy abstractos, otros demasiado íntimos y personales. Pero esto no es sólo producto de si vienen de uno u otro campo, sino que también se suma el hecho de considerar los momentos históricos en los que los bailarines fueron socializados. Pensemos en este sentido que las traducciones de la danza butoh se dan precisamente, en el momento histórico en que se da un pasaje de la modernidad a la posmodernidad y en nuestro caso histórico particular, se añade el pasaje desde una dictadura feroz al pleno neoliberalismo menemista y, actualmente,  transitamos una agitada lucha por los sentidos otorgados a la democracia. Esto supone cambios en los valores y en las ideas que, de acuerdo a la edad de los performers inciden, por ejemplo, otorgándole distintos sentidos específicos a la práctica grupal o individual entre otras cosas.

 

¿Cómo ves los efectos de la globalización -tendientes a homogeneizarlo todo- frente a las singularidades locales que desarrolla la disciplina?

La danza butoh tiende a ser experimentada como una danza de todos, una “danza planetaria” llegan a decir algunos performers. Pero creo yo, tenemos que recorrer un largo camino en la profundización de un Butoh que movilice, que conmueva, que explore en nuestras raíces propias y particulares. Se trata de un terreno bastante contradictorio. En la variedad de respuestas se ponen en juego no sólo la creatividad de las culturas locales y la de los performers en particular, sino que también se experimenta una tensión entre lo global y lo local, entre la asimilación de lo viene de un “otro”  y la reformulación en términos propios. Hubo algunas experiencias estéticas en este sentido. Por ejemplo Gustavo Collini realizó en 1995 la puesta Tango Butoh. Con textos de Horacio Ferrer y el acompañamiento del bandoneonista Daniel Binelli. Su programa de mano, presentaba el espectáculo con la frase “se reúnen los fantasmas que emergen desde lo más profundo del teatro Noh, que montados en el lomo indomable de un bandoneón, protestan bailando en una historia de pasión”. Otro ejemplo puede verse en la puesta de Talek en el año 2003 realizada por el grupo La Brizna, bajo dirección de Rhea Volij en la que se partía “del mito wichi sobre el origen del hombre y de las lenguas”. No obstante, hay que aclarar que este tipo de indagaciones que buscaban incluir aspectos de la cultura local, se debilitaron bastante y las propuestas actualmente guardan relación con poéticas más subjetivas y personales.

 

¿Encontrás alguna tensión en la recepción o enseñanza del Butoh, de raíz oriental, desde la perspectiva occidental?

Sí, claro, hay tensiones que crean brechas que deberíamos aprovechar. Creo que aún no somos concientes de eso, que no hemos reflexionado todavía sobre estas cuestiones. A ver, la danza butoh no es una danza formalizada, es una danza que se basa en la improvisación. Su forma de transmisión se realiza a partir de “códigos somáticos” que serían las palabras y las acciones que acompañan a los ejercicios, cuyo significado se va comprendiendo a partir de la practica reiterada, de la experiencia en el hacer. Y algo que no es un dato menor, de la dirección de un guía. Esta situación, convierte el proceso de la transmisión de la técnica en un factor clave. En nuestro caso, la posición geográfica y económica hace que sea más difícil para “los maestros” llegar a la Argentina. Cuando vienen, sólo pueden dar workshops cortos en los que aparecen un montón de palabras japonesas como ma, kata,  yugen, mono aware, etc., pero su significado, la mayor parte de las veces, queda vedado producto de las barreras del idioma. Sin embargo, otras palabras nos son más familiares  por ser vocablos de uso frecuente en el campo y la danza occidental como “energía”, “presencia”, “centro”, “espontaneidad” e “improvisación”, pero cuyo sentido específico deberíamos comprender  desde el contexto cultural japonés. Este es un riesgo, pues nuestra tendencia es interpretar desde lo que conocemos y el fundamento de las técnicas de autocultivación japonesa, como sostiene Yuasa Yasuo, privilegian “entrar en la mente desde el cuerpo o desde la forma” (imitación) o en otras palabras, “entrenar la mente a partir del entrenamiento del cuerpo”. Esta característica presenta una dinámica  bien  diferente a la que promueven la mayor parte de las prácticas occidentales de danza y teatro. Esto puede ser un problema, pero también puede no serlo. Las  confusiones y ambigüedades que acarrea la traducción pueden de todos modos resultar la fisura, la brecha que, desde un fuerte compromiso en la exploración de la técnica, daría lugar no sólo a múltiples interpretaciones sino como ya ha sucedido, a muy creativas respuestas estéticas.

 

Entonces ¿es posible hacer Butoh hoy?

Sí, sí es posible, ¡claro! Butoh es una expresión dancístico-teatral que explora la relación Cuerpo-Naturaleza-Cultura. Es un encuentro con la felicidad y el dolor del vivir como dice Kazuo Ohno. Es a partir de la profundización en la técnica, del compromiso con nuestra cultura, es decir, con la experiencia fenomenológica de nuestro-ser-en-el mundo que podemos hacer Butoh ¿un Butoh mix? Sí, puede ser. Pero son las singulares coreografías de nuestra alma encarnada.

 

*PATRICIA ASCHIERI es antropóloga, actriz e intérprete de danza Butoh. Es docente e investigadora en la Carrera de Artes Combinadas, Integra el Equipo de Antropología del Cuerpo y la Performance del Inst. Cs. Antropológicas (UBA); es docente e investigadora en la Lic. en Psicomotricidad (UNTReF), y en la Cátedra Etnocoreología (Conservatorio Manuel de Falla, GCBA). Se especializa en las perspectivas interculturales sobre danza y teatro de tradición oriental. Obtuvo las becas de la Universidad de Buenos Aires para realizar su doctorado  con una investigación acerca de las reapropiaciones de la Danza Butoh en Argentina y del Fondo Nacional de las Artes. Dictó seminarios de Danza Butoh en el C. C. de la Embajada de Japón, Universidad de Tandil, C. C. Konex, ADENO, EMAD (GCBA) e Instituto de la Máscara entre otros. Creó los grupos de investigación teatral “Teatrolapeste” y actualmente dirige el Grupo de Experimentación Oroborus Teatro Butoh.

 

+info: www.butohpoesiacorporal.blogspot.com

e-mail: paschi09@gmail.com

 

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