Danza | Butoh, cuerpos entre la luz y las sombras | Entrevista a Quío Binetti*

Entrevista publicada en Revista Urbanikkei, La revista de la cultura japonesa en la Argentina, Año 14, Edición Nº 143, octubre-noviembre 2013.

Esta danza, que nace de la conmoción de Kazuo Ohno y Tatsumi Hijikata frente a los cuerpos arrastrados del Japón de la posguerra, desafía de la estética convencional y nos sumerge en las profundidades de un ser libre, que disuelve las dicotomías de Occidente en la unidad del ser.

Quío Binetti es bailarina y docente de danza Butoh, coreógrafa, productora y directora, investigadora en antropología teatral. Con ella nos sumergiremos en el espíritu del Butoh.

 foto: Laura Raggio

En un primer acercamiento al trabajo de Quío Binetti, nos encontramos con una noción de Butoh que concibe al cuerpo como un cuerpo sensible-danzante, atravesado por la singularidad del bailarín, que canaliza la totalidad de su ser y su sentir en un cuerpo que fluye libremente sobre el escenario. Una danza que oscila entre la luz y las sombras, allí donde es imposible definir objeto –incluso se desvanece la escisión occidental entre cuerpo y mente-. Es en esa misma confusión donde se logra la unión entre vida y muerte, entre amor y odio… los opuestos se tornan indistinguibles uno de otro.

 

¿Cómo fue tu acercamiento inicial a la danza Butoh? ¿Qué te impactó?

Mi primer acercamiento al butoh fue muy casual. Hace años encontré un libro con imágenes de Kazuo Ohno, unas fotos muy de cerca de su cuerpo ya viejito y de una belleza conmovedora. Empecé a averiguar acerca de esta danza y en ese momento aquí en Argentina solo había dos maestros dando clases.

Al principio  pensé  que iba a ser una experiencia más, pero ya en la  primer clase me di cuenta que había algo mío en ese espacio, algo vital, un lugar de encuentro y de búsqueda profunda.

Me impactó lo que encontraba en la danza, los lugares a los  que me llevaba, me sorprendía cada vez.

Con el butoh se abrió para mí una posibilidad diferente de pensar en el cuerpo, en la danza, en la belleza, en la escena, en el arte y también en la vida.

 

Al transmutar el intérprete de Butoh en diferentes grados de ser, desde seres animados (como animales) a diversos objetos inanimados, y hasta incluso elementos de la naturaleza, ¿cómo ves el vínculo con el otro y con la naturaleza, subyacente en esta danza?

El butoh, al ser una danza japonesa transmite una filosofía oriental, podría decir budista, entiende que cada ser contiene un ánima. Tanto el humano, como el  gato, como la piedra nos encontramos en esta igualdad primordial.

Todo  es parte de lo mismo, todos tenemos un ánima.

Desde este entendimiento es fácil acercarse y vincularse desde un lugar de profundo amor hacia la naturaleza.

Y naturaleza no son solamente los animales y el  bosque, naturaleza son también los edificios, los otros, el subte, lo urbano que aquí en Buenos Aires nos rodea (digo esto para no entender desde un lugar bucólico o ideal este encuentro entre bailarín y la naturaleza).

 

Notamos que el Butoh implica escucha, apertura, permeabilidad respecto de lo que acontece afuera, en tu opinión ¿cuál es el espíritu subyacente en esta danza?

Me gusta mucho la palabra poroso para definir el cuerpo del butoh, un cuerpo que contiene una interioridad vinculada permanentemente con el exterior y viceversa.

Este cuerpo abierto se nutre continuamente del exterior, y escucha profundamente su interior.

En este vínculo de ida y vuelta la información se  sintetiza en una sensible danza.

 

En sus orígenes esta danza surgió como reacción frente a los cuerpos destruidos y deformes de los sobrevivientes del Japón de posguerra, en tus performances ¿qué estereotipos buscás romper?

Es verdad que el butoh nace en un momento de gran crisis en Japón, algo que nosotros occidentales no podemos entender del todo, pero cada uno de nosotros se encuentra con sus luchas y sus procesos.

Para mí una de las características más importantes del butoh es este espíritu de revuelta, que revoluciona; este espíritu debe mantenerse aunque uno se enfrente a cosas más “sencillas” que un estado de posguerra.

Revelarnos contra lo establecido, buscar esa frontera, ese límite y situar la danza en ese espacio.

No conformarse, ir por más, poner en riesgo la identidad propia, avanzar hacia algo desconocido, preguntarse y volverse  a preguntar, estar incómodos, incomodar con nuestra danza para despertar, para ver más o al menos para intentarlo.

 

Al observar bailarines de danza Butoh nos solemos encontrar con cuerpos deformes, grotescos, desalineados. ¿Qué proceso interno, qué actitud implica encontrar la belleza presente allí?

 

Una de las características del butoh es esta concepción más amplia acerca del concepto “belleza” ampliando los límites de la idea occidental y preconcebida de lo que es bello.

Hay una expresión japonesa que es wabi sabi que refiere a la belleza de los signos del paso del tiempo en las cosas, esto en occidente sería imposible de pensar.

Aceptar y valorar el paso del tiempo, las imperfecciones que nos hacen humanos, que nos hacen vitales, que nos diferencian y hacen único nuestro cuerpo y nuestra danza  es una de las propuestas más valorables de la danza butoh y su filosofía.

 

¿Cómo describirías la obra que estás produciendo: Los Incorporales? ¿Hay una búsqueda experiencial de devenir en cuerpos incorpóreos?

Me interesa muchísimo pensar acerca del cuerpo, no como Cuerpo-bailarín sino directamente ¿qué es un cuerpo? Claro que es una pregunta que comparto y no es nada original, pero me interesa mucho proponer con la obra una forma de hipótesis o de pregunta hecha obra, donde no vamos por la respuesta sino por dejarnos atravesar por esa pregunta.

Con Los incorporales buscamos por un lado desplazar el interés de la obra de los cuerpos-bailarines.

Al ser una obra de “danza”, lo que se espera es que el cuerpo que baila es el soporte total de la obra, y nuestro interés es que ese soporte sea el cruce de los lenguajes escénicos (danza-música-luz), lenguajes -si se quiere- “incorporales”, inasibles.

En ese punto sutil donde un lenguaje es conmovido por el otro se encuentra la búsqueda de la obra y su potencia escénica.

Y seguimos preguntándonos cada vez: ¿qué hay si no hay solo cuerpos en la escena? ¿Qué otros cuerpos hay en la obra que no son de carne y hueso? ¿Cómo se constituye un cuerpo y como se desdibuja? ¿Qué sucede con los espectadores de la obra? ¿Cómo accionan  sus cuerpos sobe la escena?….

 

Sobre Los IncorporalesAventura óptica.

Un cuerpo abierto, extenso que se deja Ser por el contacto con los discursos.

En este espacio entre el  cuerpo-discurso es donde tienen lugar  los incorporales. Cuerpo no como identidad ni como sentido. Un cuerpo que es “tocado” y  por  ser tocado. Es, existe. El acontecimiento-obra se sitúa en el momento donde cada cuerpo extenso es acariciado por los discursos.

En  ese encuentro, choque o caricia, es donde se sitúan los incorporales.

+info: http://www.losincorporales.com.ar

 

 

*QUÍO BINETTI es Coreógrafa, docente y bailarina de danza Butoh desde 1999. Sus maestros fueron Rhea Volij, Ofelia Ledesma, Ko Morobushi, Tadashi Endo, Maura Baoicchi, Katsura Khan y Minako Seki, entre otros. Se ha formado en antropología teatral. Actualmente produce la obra Los incorporales. Continúa investigando como bailarina y directora acerca del Butoh y la improvisación escénica en presencia y entrecruce con otros lenguajes: teatro, música, literatura, video y plástica. Es docente de Butoh en el C. C. Pata de ganso, C. C. Borges y Orion Centro.

+info: fquio@yahoo.com

web: www.quiobinetti.blogspot.com

 

Fotografías: Laura Raggio

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