El gran pez Koi y el Jardín Japonés | Entrevista a Mónica B. Cragnolini

Publicada en Revista Urbanikkei. Año 14 / Nº 140. Abril 2013

Los peces Koi pueden vivir normalmente entre 20 y 30 años, aunque hay quienes afirman que se encontraron ejemplares de 200 años. Por ello, es símbolo de longevidad, de fortaleza y de lucha. También de la amistad y el afecto duradero, ya que en japonés コイ  (Koi)  también significa ‘amor’ o ‘afecto’, entre otros.

Por su gran longevidad, los peces Koi –una variedad de pez carpa- alcanzan tamaños que interpelan a quienes gozan de su compañía. Aquí, una actitud ejemplar de qué hacer con ellos.

 Dice una antigua leyenda, que en la época samurái, en Japón, había una Puerta del Dragón y que  los peces que conseguían nadar contra la corriente, río arriba alcanzando la cascada, obtenían como recompensa ser transformados  en dragones. Afirma la leyenda que entre la variedad de peces que lo intentaron, solo los peces Koi lograron llegar exitosamente. Por eso, las familias Samurai izaron koinobori[1]  en sus hogares, expresando con ello el deseo de que sus hijos crezcan fuertes y valientes como el Koi.

La leyenda atribuye a las carpas Koi, su parecido con los dragones, no solo en apariencia, sino en cualidades: fortaleza, espíritu de lucha, perseverancia ante las dificultades, persistencia, paciencia y longevidad. Su representación está asociada tanto al triunfo en la vida, como al éxito, a la buena fortuna en los negocios y en la vida académica.

Dada la longevidad de las carpas Koi y el gran tamaño que pueden alcanzar, quienes poseen peceras con esta especie se enfrentan a una encrucijada con la falta de espacio para su adecuado crecimiento y desarrollo. ¿Qué hacer? Aquí contamos la historia de Mónica, quien decidió donar a Carpinha al Jardín Japonés, procurándole así una mejor vida con más libertad.

 

:: Entrevista :: Mónica B. Cragnolini[2]

“Con más espacio, los peces crecerán al doble,  triple, o cuádruple de su tamaño”.

Tim Burton, “El gran pez” (2003).

Mónica Cragnolini¿Cómo llegó Carpinha a tu vida? ¿Cuántos años tiene?

“A Carpinha me la regaló mi hermana mayor para mi cumpleaños hace más de diez años. La verdad es que nunca quise tener peces porque no me gusta ver a un animal en una pecera” –cuenta Mónica, atestiguando su respeto por la vida animal-. Por ese entonces, la carpa ya tenía unos 10 cm. y ya en ese entonces previó: “no me parece que sea para estar en una pecera”.

En esa época su gato Dmitri vivía con ella y le preocupaba que permaneciera tantas horas solo.  Alguien le sugirió: “¿por qué no le ponés un pez […] así se divierte?”. Las vueltas de la vida no quisieron que las patitas del felino y las aletas de la otra se cruzaran, al menos en lo que al interés respecta, ya que: “Dmitri, que ahora tiene 17 años, nunca se interesó en la carpa porque cuando apenas traje la pecera […] explotó el motor del oxigenado! […] y nunca más en su vida se acercó a la pecera” –agrega.

“Empecé a leer sobre la carpa, vi que vivían 85 años y también se me planteó el primer problema que era el del cambio de pecera, porque quedaba muy chica para ella. El otro problema que se me planteó es que Carpinha empezó a devorarse a todos sus compañeros de pecera. Pero eso no lo hacía de manera sistemática […]. Entonces quedó ella sola”. Una amiga le regaló una pecera más grande y Mónica advirtió que su pez seguía creciendo mucho y comenzó a sentir que era una crueldad tenerla así “y por eso es que decidí donarla”. Y remata: “así llegó Carpinha a mi vida”.

En la cotidianidad ¿cómo se conectaban?

“La carpa es muy diferente a los otros peces, yo creo que tiene una gran capacidad de percepción, más que otros peces, y por eso aparecen todas estas historias japonesas del vínculo con el dueño, con el que la cuida”; y nos adentra en anécdotas de su vida cotidiana: “Yo le había hecho una tapa de vidrio a la pecera no solamente por mi gato, sino porque ella era muy vivaz”. Recuerda que en una ocasión Carpinha saltó de la pecera “a partir de ahí empecé a poner esa tapa”.

Mientras lo relata, se sorprende al mismo tiempo: “Carpinha tenía un gran reconocimiento no sólo mío sino de otras personas también. Vos te movías y ella hacía movimientos, como que te saludaba, te reconocía y además te pedía constantemente comida. Pero bueno, ella reconocía a mucha gente, incluso a la gente que iba y le hablaba ella se movía. Como que tenía muy buen contacto con la gente. Era muy sociable” –rememora Mónica.

¿Cómo te enteraste que el Jardín Japonés recibía peces koi?

“Yo ya había intentado donarla”. Hace unos 3 o 4 años visitó el Jardín Japonés y plasmó su inquietud en la entrada: “me dijeron que sí, que aceptaban, pero que me fijara bien en el tamaño”. Recuerda que: “cuando vi lo enorme que eran las carpas que estaban en el laguito pensé que se la iban a comer”, por lo cual, en ese entonces desistió de donarla.

“¿Alguna vez pensaste que tal vez tú no eres demasiado grande…  sino que tal vez este pueblo es demasiado pequeño?”

Tim Burton, “El gran pez” (2003).

¿Qué te motivó a donarla?

“Básicamente ver que ella estaba en un espacio cada vez más chico. Antes había hecho el paso previo de ir a un acuario, donde me hicieron el presupuesto de una pecera más grande. Pero bueno, ahí mismo el muchacho […] dijo: ‘Mirá que va a venir más grande y nuevamente te vas a sentir mal porque estos animales son para estanque’. Además también intenté buscar estanque”. Mónica evoca la circunstancia en que buscaba un departamento para su madre: “la quería convencer de que se vaya a un lugar donde vi que había un pequeño jardín y había un estanque”. Al ver ese lugar lo primero que pensó fue en la posibilidad de que su carpa podría vivir allí.

“Entonces, por eso, me pareció que sufría mucho, porque prácticamente tenía 32 cm, […] podía dar una vuelta apenas y me parecía que no era vida digna para ella”, expresa.

Carpinha mientras es liberada en el estanque, su nuevo hogar
Carpinha mientras es liberada en el estanque, su nuevo hogar
¿Cómo fue la reacción de Carpinha al llegar a su nuevo hogar?

“Primero estaba muy asustada por el viaje en auto. […] Cuando llegamos allá estaba muy quieta”, (.) Comenta Mónica que cuando la llevaron al estanque en donde iba a estar, la primera reacción de su carpa fue irse “bien hacia el fondo como reconociendo el lugar, subió –yo quiero creer que me vino a saludar- y después rápidamente empezó a hacer amistad con otras carpas. Como me dijo el Sr. Minoru Tajima del Jardín Japonés: ‘la carpa está haciendo amigos’. Él estuvo muy amable porque después de donarla me dejó un mensaje el 31 y me dijo: ‘la carpa está muy contenta, está festejando año nuevo’. Con cierto pesar, manifiesta que “por diversas razones –de enfermedad de otro de mis animales- no pude volver a verla pero espero que pronto sí. No sé si me reconocerá, pero bueno, yo a ella espero que sí”.

Admite que no fue sencillo dejarla: “la verdad es que estuve re angustiada un montón de días pensando en cómo estaría. A pesar de que sabía que era lo mejor, también me costaron mucho los días siguientes”.

Carpinha nadando en el estanque del Jardín Japonés
Carpinha nadando en el estanque del Jardín Japonés

¿Cuál es tu visión de los animales?

“Bueno, yo pienso al animal –justamente estoy trabajando filosóficamente la problemática del animal-, pienso que nuestro vínculo con los animales está determinado por el prejuicio humanista del hombre, como elemento superior en la escala de la naturaleza. Y el animal está solamente en relación de disponibilidad para el hombre. Esta disponibilidad no solamente tiene que ver con las cuestiones de alimentación o de vestimenta, sino también como mascotas. Es decir, mucha gente piensa el vínculo con el animal en su casa como mascota como esa disponibilidad de afecto que otros no le dan. Es más, muchas veces se recomienda: ‘Si Usted tiene una carencia afectiva tenga un animal’ ¿no? Y en todas esas formas el animal está siempre como aquello que es disponible para uso humano. Entonces, en ese sentido, yo estoy tratando de pensar en los últimos años la problemática del animal como formando parte de la comunidad que somos y pensar así la comunidad de lo viviente en donde el animal no sea elemento de uso para el humano. Es muy complicado porque casi se ha naturalizado el hecho de que los animales están para servirnos a nosotros. Y me parece que lo más terrible de eso es que constantemente se crían animales, o sea, hay animales que nacen solamente para servir al hombre. Nacen en cautiverio para servir al hombre y viven una vida realmente miserable: todos los animales que viven en corrales, en los sistemas de alimentación de ganado vacuno en feed lot[3], etc., viven una vida quietos solo alimentándose y después mueren. Es terrible esa idea de pensar esta producción de vida para ser asesinada. Esto lo menciono porque hay una novela de Coetzee: “Elizabeth Costello” en donde una mujer, una escritora, decide dar una serie de conferencias en torno al tema animal y hace una comparación entre el Holocausto y la vida de los animales en los mataderos –que es una comparación que muy habitualmente se hace-. Hay un autor que es Isaac Bashevis Singer, que hizo esa comparación, y que fue un judío que vivió muy de cerca el Holocausto. Él decía: ‘La gente se asombra de lo que pasó en el Holocausto, pero para los animales Treblinka  se repite diariamente’. Es decir, los animales están siempre en esa condición”.

“Esa comparación molesta mucho porque se dice que no se puede comparar a un animal con un ser humano. Yo digo: ¿por qué? En primer lugar es una vida; por qué establecer que es incomparable. En segundo lugar –y esto lo dice Elizabeth Costello- es más terrible lo que pasa con los animales, porque en el caso del genocidio no es que se hizo nacer a las personas para matarlas, sino que hubo una locura ideológica que llevó al asesinato de una gran cantidad de personas por condiciones de consideración de inferioridad. Pero en el caso de los animales, nosotros producimos vida para comérnosla, utilizarla, matarla, etc., entonces en ese sentido me parece que la condición del animal es todavía más fuerte –si uno quiere decirlo así- con respecto a otras formas de asesinatos que se han hecho. Y por otro lado también está esto que señala también Derrida y que es el hecho de que las tres religiones monoteístas (que tienen muy en cuenta al otro) también reservan dentro de su ética un lugar para una matanza que no se considera homicidio, que es la matanza de los animales. Entonces yo estoy trabajando la problemática del animal en esa dirección”.

“Yo estoy tratando de pensar en los últimos años la problemática del animal como formando parte de la comunidad que somos, y pensar así la comunidad de lo viviente en donde el animal no sea elemento de uso para el humano”.

Mónica Cragnolini

+ info – Donación de peces Koi

 

Jardín Japonés. Sector Vivero y Piscicultura. Av. Casares 2966, C. A. B. A.

Tel.: 4804-4922 / 9141 int 17.

Horarios de atención: todos los días 10 a 18hs.

Web: http://www.jardinjapones.org.ar/contacto.htm


[1] Las banderas koinobori (鯉幟) o Satsuki-nobori (皐幟, さつきのぼり) son banderas tradicionales japonesas con forma de carpa (Koi). Fuente: Wikipedia.

[2] Mónica B. Cragnolini es Doctora en Filosofía de la UBA, se desempeña como Profesora, Directora del Departamento de Filosofía y de la Maestría en Estudios Interdisciplinarios de la Subjetividad en la Fac. de Filosofía y Letras (UBA) donde ha dictado seminarios relacionados con la cuestión de la animalidad; abordando los derechos, la ética, la responsabilidad y la hospitalidad de y con lo animal, entre otros. Es investigadora del CONICET y es autora de varios libros y artículos.

[3] Feedlot término de uso corriente en algunos países Iberoamericanos como Argentina, para designar a los corrales de engorde de ganado. El feed lot o engorde a corral surgió ante la necesidad de intensificar la producción, y consiste en encerrar los animales en corrales donde reciben el alimento en comederos. Fuente: Wikipedia

5 comentarios en “El gran pez Koi y el Jardín Japonés | Entrevista a Mónica B. Cragnolini”

  1. y qué hubiese sucedido si Cragnolini hubiera tenido un ternero, o un puma. Todas esas bellas palabras terminarian en un “dejarlo ser” en sentido nietzscheano, en un asesinato o un cautiverio. Sigue siendo un abandono de una criatura en manos de una sociedad rudimentaria en el mejor de los casos. La problematica de la vida animal se cambia cambiandola, los animales fueron admirados heraldicamente como se divinizaba a los dioses griegos, y de ahi surgieron parques protectores de vida silvestre, pero eso sucedió hace casi 200 años, debieramos continuar con una simboligia animal acorde a nuestro ritmo de vida, en tanto alcancemos a divinizar lavariedad de vidas de nuestro mundo, es ese punto comprenderemos la problematica animal. No se abandona si se quiere verdaderamente, preguntenle a Brunhilda o bien al propio Niezsche abrazado al cuello de ese caballo.

    1. Hola Vanessa, gracias por pasar por aquí… sí, como dices la tradición le atribuye esa magia y sabiduría de un espíritu brillante, fuerte, paciente.. la entrevistada me enseñó mucho de su relación con los animales. Que tengas una grandiosa vida!

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