Huellas en la Memoria: Jorge Eduardo Oshiro y Horacio Gushiken | Entrevista a Elsa Oshiro y Celeste Higa

Entrevista publicada en Urbanikkei.

El 24 de marzo de recordamos a las 30.000 huellas que dejaron las personas desaparecidas en la Argentina entre 1976 y 1983, víctimas de la aberrante dictadura militar. Entre esas huellas, encontramos a 17 desaparecidos de la colectividad japonesa, cuyas historias de vida remiten a grandes ideales de vida, justicia y solidaridad.

“La censura de prensa, la persecución a intelectuales, los allanamientos […]

el asesinato de amigos queridos y la pérdida de una hija […]

Estos hechos, que sacuden la conciencia del mundo civilizado,

no son sin embargo los que mayores sufrimientos han traído al pueblo argentino

ni las peores violaciones de los derechos humanos”

Rodolfo Walsh[1]

 

La memoria es lo que nos puede mantener vivos. Es más importante de lo que pensamos. ¿Por qué? Para recordar e impedir que se repitan en la historia de nuestro país, las violaciones a los derechos humanos cometidas durante la dictadura –que incluyeron desde secuestros, torturas, desapariciones, asesinatos, apropiación de bebés (que hoy buscan su verdadera identidad y sus verdaderas raíces), persecuciones, allanamientos de hogares… terror-. Y no sólo eso. La memoria también es lo que nos impedirá que se sigan cometiendo injusticias. Y son las huellas en la memoria, las historias de vida que siguen latiendo contra el olvido, las que nos darán las fuerzas para continuar luchando para que se haga justicia. Aquí, dos historias, dos huellas, que permanecen latentes en nuestra memoria.
1er. HUELLA: JORGE EDUARDO OSHIRO (18 AÑOS) – Entrevista a Elsa Oshiro (hermana)

¿Qué significado tiene para usted el 24 de marzo?

El 24 de marzo es la fecha en que todos los años la sociedad argentina conmemora el golpe cívico-militar de 1976, que dio lugar a la más sangrienta de las dictaduras en el país y en el continente. Es la fecha en que parte de la sociedad se moviliza para repudiar ese régimen, valorar el sistema democrático y comprometerse a fortalecerlo. No se trata de apoyar a tal o cual partido, sino de defender una forma de gobierno que tiene por finalidad garantizar los derechos de todos.

¿A quién recuerda en esa fecha?

Por supuesto que esta fecha me recuerda a mi hermano, Jorge Eduardo Oshiro, y a los miles de desaparecidos que dejó la dictadura, cuyas fotos están impresas en la larga bandera que es el eje de la marcha hacia la plaza de Mayo. Nosotros como grupo, también participamos de la marcha y llevamos una bandera con las fotos de los desaparecidos de colectividad. Es una buena oportunidad para que se nos acerquen amigos y compañeros de militancia y así establecer nuevos contactos que nos permitan reconstruir sus historias de vida.
¿Cómo lo recuerda? ¿A qué se dedicaba? ¿Era estudiante? (en caso afirmativo, ¿qué estudiaba?)
Lo recuerdo como un adolescente lleno de inquietudes, próximo a cumplir con el servicio militar, que en esos años era obligatorio. Él pertenecía a la primera clase (1958) que lo realizaría a los 18 años. Lo secuestraron antes de que pudiera presentarse a la revisación médica previa a la incorporación.
Era estudiante secundario. Cursaba en el turno noche de la Escuela Nacional de Educación Técnica de Villa Ballester.
¿Cuáles eran sus hobbies?

La música: tocaba la guitarra, tenía un grupo de rock con unos amigos. Admiraba a Spinetta (en estos días me preguntaba cómo hubiese reaccionado ante su muerte, de no haber sido desaparecido por la dictadura), también a Sui Generis, a los músicos chilenos: Violeta Parra, Víctor Jara, Quilapayún, Inti Illimani. También jugaba al ajedrez.
¿Cuáles eran sus ideales? ¿Cuáles eran sus sueños?

Jorge Eduardo Oshiro creía que se podía construir una sociedad más justa.

 

2da. HUELLA: HORACIO GUSHIKEN (21 AÑOS) – Entrevista a Celeste Higa (sobrina)

¿Qué significado tiene para usted el 24 de marzo?

El 24 de marzo, particularmente del año 2006 fue un día muy emotivo para nuestra familia, y particularmente para mi.

 

¿A quién recuerda en esa fecha?

A mi tío Horacio Gushiken, a quien no pude conocer. Fue uno de los 30 mil desaparecidos de la última dictadura del ‘76. Recuerdo que mi mamá nos contó que en Febrero del ‘78 se encontraron en un café de la Capital Federal, a donde él los había citado ya que hacía días que no regresaba a su casa de Florencio Varela porque sabía que lo estaban buscando. Mi mamá decide llevar a mi hermana mayor, que había nacido hacía pocos meses, para que mi tío Horacio pudiera conocerla. Esa fue la última vez que lo vieron.

Gracias al Equipo Argentino de Antropología Forense, en el año 2003 se comprueba que fue asesinado en Barranca de los Lobos en Mar del Plata y que lo entierran como NN en el cementerio Parque de esa ciudad. Así es que mi familia pudo recuperar sus restos, lo que posibilitó realizar una misa a la que asistieron familiares, amigos, e incluso compañeros de la secundaria de mi tío. Finalmente hoy descansa en paz en el cementerio de Florencio Varela.

La ceremonia de la misa representó mucho para mi familia. Todos pudimos llorar su muerte y pudimos de alguna forma, realizar un duelo como corresponde. Saber las circunstancias en las que él murió no cambia en absoluto el dolor de su muerte. Sin embargo tener la posibilidad de saberlo, romper con la incertidumbre de su paradero,  genera una sensación que resta dolor y devuelve un poco de calma. Por lo menos es la lectura que yo pude hacer el día de su misa, cuando veía las lágrimas de mi mamá y mis tíos al abrazarse. Eran lágrimas de dolor pero también de alivio.

 

¿Cómo lo recuerda? ¿A qué se dedicaba? ¿Era estudiante? (en caso afirmativo, ¿qué estudiaba?)

Tengo 28 años. Nací en Democracia. Por eso, las dictaduras eran temas que se estudiaban en Historia de la secundaria. Sin embargo en el Instituto Santa Lucia de Florencio Varela, el tema no se tocaba. Tiempo después supimos que mi tío, que asistía a esa misma escuela, había sido señalado por el rector como “subversivo”.

No tengo recuerdos propios de él porque no lo pude conocer. Pero luego de que fueron encontrados sus restos, tanto mis abuelos como mis tíos comenzaron a contarnos muchas cosas de él.

Mi tío Horacio era estudiante de secundaria. Al parecer le inquietaban mucho los problemas de la sociedad, y realizaba trabajos comunitarios en barrios humildes. Mi Oji siempre nos contaba que cuando comenzaron a perseguirlo  él le ofreció pagarle un viaje a Japón “hasta que las cosas se calmaran”. Pero mi tío se negó  respondiendo que no se podía ir si en su país había chicos que andaban descalzos y que iba a trabajar para que todos tuvieran zapatillas.

Por eso, mi recuerdo esta hecho en base a esas anécdotas. Lo recuerdo con mi imaginación: de pelo largo y despeinado, con una remera del Che y un morral lleno de libros. Y me hubiera gustado mucho conocerlo.

 

Ya que lo mencionás, ¿podrías contarnos por qué ese año (2006) fue particularmente significativo?

El año 2006, fue un año muy particular. Se cumplían 30 años del inicio de la Dictadura pero además, un decreto decía que era feriado. Y todos se movilizaron hacia plaza de mayo en una marcha que movilizó a unas 100.000 personas.

Yo decidí ir a Florencio Varela, a poner “Zenko” en el “butsudan” de la casa de mis abuelos y organizacé con mi mamá y mi hermana Vivi para ir a visitar a mi tío al cementerio. Pero hubo cambio de planes: nos encontramos con los Familiares de Desaparecidos de la Colectividad Japonesa (FDCJ) en el Congreso y fuimos marchando hacia la Plaza de Mayo. Ese 24 de Marzo fue un día muy emotivo para mí. Era caminar y sentir una energía especial en la gente. Era una reunión en donde todos recordábamos. En la que nos juntábamos todos a hacer memoria y en ese ejercicio, sentía que estábamos haciendo presente a todas las personas desaparecidas… que caminaban también con nosotros. Recuerdo a mi Tío Luis (hermano de mi tío Horacio), llevando la bandera con las fotos de los desaparecidos nikkeis con una sonrisa, y a la gente acercándose a ver esas fotos y a abrazarnos o darnos la mano.

 

¿Querés compartir con nosotros las reflexiones nacidas a partir de la memoria, de la solidaridad en el dolor?

Sí. Al escribir un mail a mi Tía Amelia (Hermana de Horacio) para contarle cómo había sido la Marcha de los 30 años, me di cuenta que hasta ese momento, en mi familia se recordaba al Tío Horacio con un inmenso silencio. Nadie hablaba de él. Y nosotros, sus sobrinos, tuvimos que esperar a que encontraran sus restos para conocer lo que le había sucedido.

Entendí que ese silencio escondía dolor, un inmenso dolor, inexplicable como es la desaparición de una persona. Más dolorosa incluso que la muerte misma.

El caso de nuestra familia fue muy particular. Pero no dejo de pensar en todas esas familias con desaparecidos (de la dictadura y lamentablemente también en democracia) que todavía siguen esperando a sus seres queridos y luchando por saber la verdad y por que se haga justicia.

 

SOBRE FAMILIARES DE DESAPARECIDOS DE LA COLECTIVIDAD JAPONESA (FDCJ)
¿Cómo surgió Familiares de desaparecidos de la Colectividad Japonesa? ¿En qué año se crea?
El grupo de Familiares surge cuando María Antonia Higa (Mary, hermana de Juan Carlos Higa, desaparecido el 17 de mayo de 1977) y Eduviges Bresolín (Beba, esposa de Oscar Oshiro, desaparecido el 21 de abril del mismo año), comenzaron a visitar a las familias de otros desaparecidos de la colectividad para realizar gestiones en conjunto ante las autoridades japonesas e instituciones locales. No es un grupo institucionalizado, no tenemos actividades regulares, pero estamos siempre en contacto.

 

Creemos que ante el dolor los lazos de solidaridad se fortalecen ¿Qué  vínculos se generaron con otras agrupaciones, como por ejemplo Abuelas de Plaza de Mayo, Madres, H.I.J.O.S.?
En los primeros años, nos vinculamos con los organismos que recibían las denuncias, tales la Liga Argentina por los Derechos del Hombre, la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos, Familiares de Desaparecidos y Detenidos por Razones Políticas, y el Movimiento Ecuménico por los Derechos Humanos.

En abril de 1977 se empiezan a organizar las Madres de Plaza de Mayo. En 1986 se crea la agrupación H.I.J.O.S (Hijos por la Identidad y la Justicia, contra el Olvido y el Silencio) y en 2002 Herman@s de Desaparecidos por la Verdad y la Justicia.

Si bien tenemos contactos con todos los organismos, es con las Madres de Línea Fundadora y con Herman@s con quienes tenemos el vínculo más estrecho.
¿Cuál fue el impacto dentro de la colectividad japonesa?  ¿Qué actitudes se tomaron?

Algunos miembros realmente no sabían lo que estaba pasando, otros fueron muy solidarios y trataron de acompañar a nuestras familias, otros tuvieron miedo y nos evitaban, otros, con más poder dentro de las instituciones locales no se ocuparon. Los periódicos de la colectividad, por lo general no tocaban el tema (¿censura o autocensura?). En síntesis: nada diferente a lo que sucedió en la sociedad en general.
¿Cómo ven a las nuevas generaciones en relación al tema?

Actualmente el tema está ampliamente difundido. Nadie puede decir que no sabía.
Desde el retorno a la democracia en 1983 hasta ahora hay una mayor conciencia de que “nunca más” se debe permitir un golpe de estado.

Si la pregunta se refiere puntualmente a la colectividad, creo que en los ámbitos institucionales se nota un cambio positivo.

Hay que destacar que también dentro de nuestro grupo se nota la incorporación de las nuevas generaciones. Al trabajo que inicialmente desarrollaban los padres, esposas y hermanos de los desaparecidos, se han sumado los hijos y sobrinos de los mismos, aportando su presencia y creatividad en los actos que realizamos.

En 2002 pudimos hacer nuestra primera muestra, contando las historias de vida de nuestros desaparecidos en la sede de Nakagusuku Sonjin Kai, con la colaboración de la Red 2 K, un grupo de jóvenes solidarios muy capaces y organizados. Las publicaciones de la colectividad (La Plata Hochi, Alternativa Nikkei, Urbanikkei) realizaron notas alusivas.

En 2010 la Embajada puso a nuestra disposición su Centro Cultural. Realizamos una muestra con amplia repercusión en los medios informativos.

En la Asociación Japonesa en la Argentina ha habido un recambio en el grupo dirigente. Nos han abierto sus puertas para realizar una muestra en homenaje a nuestros desaparecidos en 2011, y se ha colocado una baldosa con sus nombres en la vereda de la institución.

En Nichia Gakkuin nos han invitado a conversar con los alumnos. En el programa radial “Japón Hoy” (realizado por jóvenes nikkei) fuimos invitados en varias oportunidades.

 

Las 17 huellas en la Memoria de la colectividad Japonesa

Entre los años 1976 y 1978 desaparecieron en la Argentina 17 personas de la colectividad japonesa en Argentina. Los 17 desaparecidos nikkei son: Juan Carlos Asato (28 al momento de su desaparición), Ricardo Dakuyaku (23), Carlos Horacio Gushiken (21), Julio Eduardo Gushiken (21), Ana Amelia Higa (29), Katsuya “Cacho” Higa (26), Juan Carlos Higa (29), Carlos Eduardo Ishikawa (26), Luis Esteban Matsuyama (23), Norma Inés Matsuyama (10), Jorge Nakamura (21), Carlos Aníbal Nakandakare (20), Óscar Takeshi Oshiro (36), Jorge Eduardo Oshiro (18), Juan Takara (33), y Emilio Yoshimiya (29) y Juan Alberto Cardozo Higa.

Fuente: Argentina Centro de Medios Independientes (( i )), “Desaparecidos de la Colectividad Japonesa durante la dictadura militar del 76-83” por Diego Ardouin.


[1] Carta abierta de Rodolfo Walsh a la Junta Militar, 24 de marzo de 1977

2 comentarios en “Huellas en la Memoria: Jorge Eduardo Oshiro y Horacio Gushiken | Entrevista a Elsa Oshiro y Celeste Higa”

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